01 noviembre, 2006

Del «tostón» de Grazalema

staban los niños muy cansados cuando fuimos a la cena, mas luego volvieron a sus juegos, pues dijo María, que no siendo de razón irse al campo en noche tan fresca, celebraríamos el «tostón» en casa usando la chimenea.

E así fue, que se encendió el fuego e nos sentamos cerca e hubimos muchas pláticas e los niños subieron a jugar una pieza hasta que se asasen las castañas. E tenía para esto María olla con agujeros donde las puso e las colocó sobre el fuego e, cuando comenzaron éstas a dar «castañazos», bajaron los niños.

Llevaba ya Su Ilustrísima un buen rato con una copa de aguardiente esperando el asado e nos fue sirviendo un poco a cada uno e pidió se les diese a los niños una «palomita» que no es otra cosa sino licor de anís con agua que se vuelve blanco.

Dije viniese el servicio a la fiesta y hasta doce personas nos reunimos a comer las castañas e dijo Marcos recordaba esta noche en Toledo hacía ya un año e cómo yo le hablaba de la misteriosa historia ocurrida a Miguel Mañara e cómo lo convirtieron luego equivocadamente en el don Juan Tenorio e, queriendo los niños saber la historia, con la tenue e titilante luz de las llamas de la chimenea, les narré el raro suceso de cómo se decía en Sevilla que don Miguel Mañara presenció su propio entierro una noche de difuntos. E todos estuvieron muy atentos e intrigados e, no era muy tarde, cuando viendo el cansancio de los niños, supimos los mayores también estábamos cansados e nos retiramos a nuestros aposentos.

Y estando ya en la cama e apunto de dormir, pareciónos oír unos suaves golpes en la puerta. Marcos me miró asustado e yo permanecí quedo e atento. Mas al cabo de una pequeña pieza, volvieron a sonar aquellos golpes e, Marcos, no pudiendo resistir su nerviosismo gritó: ”¿Quién va?”. E comenzó a abrirse la puerta lentamente dejando entrar la luz que del salón subía e, sobre ella, se dibujaba una pequeña silueta con el dedo en la boca: “Soy yo, papá. ¿Puedo pasar?”.

Encendimos las luces e no sabíamos que decirle a mi pequeño:

“¿Os parece de razón llamar a estas horas cuando ya deberíais estar durmiendo como vuestros amigos? Veamos, hijo – le dije con calma -, ¿acaso os ocurre alguna cosa?”.

“No tal, sino que no puedo dormir – respondió – y he pensado que si me dejarais estar con vos e tío Marcos un rato, tal vez me dé sueño”.

E así, ya más calmado, le dije:

“Pasad, hijo, pasad e venid aquí con nosotros, mas prometednos que no llamaréis con tal misterio otra vez”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario