eterminé, aún estando el día fresco mas soleado, no salir hoy. Muchos pensamientos se agolpaban en mi mente e pensaba en la educación de los niños, el mantenimiento de las amistades que habíamos hecho, mis compromisos contraídos contra estos delincuentes e los trazados que tenía que cumplir si fuere menester. Con esto en la cabeza, dije a Marcos e a Su Ilustrísima, llevasen a los niños a dar algún paseo por el pueblo. Revisé bien la ropa de abrigo de los pequeños e salí a despedirlos, mas me miraba Marinín con ojos tristes, quizá sabiendo que alguna cosa no iba bien.Volvieron a la hora del almuerzo e me pareció ver a Su Ilustrísima entrar como cojeando e de mal color e me dijo Marcos había sufrido una caída sin importancia. Acercándome a él a hablarle, toméle del cuello e de la mano e le pregunté si se encontraba bien, mas su respuesta era siempre que sí. No vi fractura de hueso alguno sino su cara un poco descompuesta e pedí se le sirviese una copa de vino e alguna cosa para aliviar el susto, e hablando luego con Marcos, me dijo éste que entraron por el campo en lugar cercano al Tajo e que allí resbaló con la hierba húmeda e cayó, mas deslizóse su cuerpo unos metros e quedó al borde del precipicio de casi quinientos metros. Entre todos fue halado e salvado de tal peligro e a casa llegó salvo. Nadie dijo nada de lo ocurrido; así pensaron debían hacerlo por no asustarme, mas pasado ya el percance e teniéndolo en casa, tampoco dije yo nada.
“Capitán – me dijo don Juan ya calmado -, en esto tendréis vos más experiencia que yo, que demasiados años habéis vivido. Cuando se ve uno a la muerte tan cerca e luego se aleja, parece se sienten más ganas de vivir”.
“Supongo – dije a propósito -, os acordáis de los malos momentos pasados antes de los vapores del temazcal. A veces, se acerca la muerte demasiado; más de lo que uno puede imaginar. Luego se retira e se siente como un renacimiento”.
“Algo así diría yo – respondió – mas no me refiero a aquellos días en que hube de pasar aquellos sudores en vuestra cueva, que de no ser por otras personas que me acompañaban, quizá no estaría aquí agora. El Señor se ha puesto a mi lado”.
“Sin duda – le dije -, mas quizá, si no hubieseis ido en tan buena compaña, no habríais llegado al límite que intentáis manifestarme. Dios, sin duda, sabe lo que hace e cuándo lo hace ¿no os parece?”.
“Así lo creo, sin duda, que cuando me ha dejado aquí es que aún ha de ser menester solucione alguna cosa importante”.
E con esto pasamos el resto del día en la casa e olvidáronse los problemas e jugamos con los pequeños hasta bien caída la tarde.


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