os entramos esta mañana juntos Marcos e yo por despertar e preparar a los niños e, dejando entrar la luz, vimos se despertaban dos dellos e otro no se movía. Con gran susto, nos acercamos a la cama de Fermín e vimos lloraba e se tapaba la cabeza.“¿Qué cosa os pasa, hijo? – le dijo Marcos con cariño -, ¿os encontráis indispuesto?”.
“¡Dejadme en paz! – gritaba el pequeño - ¡Quiero ver a mi madre!”.
“Fermín, pequeño – consolóle Marcos en sentándose a su lado -, que vais a la escuela e último día de la semana es. No habréis de preocuparos por ello, pues esta mesma tarde partiremos hacia el pueblo”.
“¡Que no! – gritaba el pequeño - ¡Que esta semana no hay viaje e yo quiero ver a mi madre! ¡Quiero ver a mamá!”.
E caminando hacia mí de espacio, vi en el rostro de Marcos un gesto grave e vio él en el mío los ojos gachos. E resté quedo y él habló:
“Paréceme, capitán – dijo con calma -, que no llora el niño por el placer de llorar ni por aquella manía que decía su madre tenía, sino acaso, qui lo sá, por haber oído de vos alguna otra cosa que a mi razón no alcanza e, siendo así, en la obligación me veo de preguntaros si hubiese alguna intención de no ir al pueblo esta mesma tarde”.
“Veréis, Marcos, amigo – respondíle -, a veces estos niños escuchan aquello que no han de escuchar e oyen cuanto no han de oír. Un llamado tuve anoche del inspector leonés, ya sabéis, e como aún el trazado que se fragua no está acabado e como se acerca la fecha de la entrega de la pu… ra copia de la caja roja, necesita este hombre esté yo el domingo en Madrid por haber de firmar unos documentos e hablar con alguna persona”.
“No está mal, como decís – contestó a esto -, sea de necesidad ir a Madrid un día como el domingo, mas no es de razón que yo dello nada sepa, que así los billetes como la estancia he preparado e, otrosí, podría irse a Grazalema e volver el sábado al anochecer”.
“Nada desto he querido referir – le aclaré -, que aún nada es seguro e todavía espero un nuevo aviso del inspector. Mas no tengáis cuidado, que podría dejarse todo presto e partir a Grazalema, que igual recebiré el aviso allí como aquí”.
“Sea pues – concluyó -, e no se hable más (ni delante ni a escondidas) destos trazados que a la cabeza os vienen. Se irá esta tarde a Grazalema como siempre e me manifestaréis todo esto que decís falta, que si cosa alguna sucediese, entrambos deberíamos saber cada detalle”.
E volviéndose a la cama del pequeño, le oí decir:
“Fermín, pequeño, ¿por qué cosa lloráis si esta mesma tarde vamos a Grazalema e podréis ver a vuestra madre?”.
“Tal cosa no es cierta – dijo Fermín -, que al mesmo capitán se lo he oído”.
“Pues tal cosa acabo de referirle – le dijo por consolarlo -, e me ha dicho que alguna cosita habéis oído por ahí e os ha parecido otra cosita”.
“¿Lo juráis, tío Marcos?”.
“Os lo prometo, Fermín – consiguió el niño se levantara -, que iréis a la escuela como todos los viernes, almorzaremos luego e partiremos al pueblo, e mirad soy verdadero”.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario