orrieron los niños a saludarnos al vernos entrar por la cancela e preguntaron si los conciertos son tan cortos, e les dije yo que las piezas que se iban a tocas no iban a ser de nuestro agrado e no nos quedamos en la sala. E acercándome a mi niño, le dije quedo: “E yo prefiero estar más tiempo con mi pequeño que oyendo a un pianista que es seguro destroza las obras de siempre”.“Papá – dijo, ¿sabéis una cosa? Don Julio nos ha llamado a su despacho, pues dice que se le pidió permiso para celebrar el Día de los Difuntos, mas nos tomamos uno por añadidura, e yo le dije que fuisteis vos quien decidió pasar todos esos días en Grazalema, e me respondió que en la escuela hay unas normas de asistencia y que ni los niños ni los padres pueden incumplirlas”.
“E ¿os ha dicho algo más? – preguntéle – Si habréis castigo o algo así”.
“No – respondió muy sonriente -, sino que podrá tener un sitio ya para Julio e que ya os lo dirá por teléfono para hacer las pruebas”.
E hubo gran contento e grande fiesta e se abrazaban los niños muy fuerte, que ya están acostumbrados a estar siempre juntos.
E sonó el timbre de la cancela e les hice pasasen al comedor e no hablasen.
“¿Quién va? – preguntó Chuti mientras encendía las luces.”.
“Me manda don Sebastián a preguntar por el capitán. Soy el artista que ha de hacerle unos trabajos”.
Era un hombre mayor que me miraba con recelo e que confesó después le parecía conocerme. Le enseñé la caja e le dije que si podría hacerse una igual; e tampoco osó tocarla e la miraba con los ojos bien abiertos: “A fe, que una pieza como esta debe haber estar guardada en muy buen sitio”.
“¿Qué tiene esta caja – preguntó Marcos – que parece tan importante?”.
“Además de tener unos setecientos años, parece una caja que se rumorea perteneció a don Alfonso X el Sabio. Su valor no puede calcularse. Veremos primero si no es una buena falsificación ni una copia e se harán luego los trabajos necesarios”.
“¿E cuánto tardarán luego esos trabajos necesarios – preguntéle -, que si os soy sincero, la copia me hace falta cuanto antes, e si no es posible sea exacta por el tiempo, no importa”.
“Podría hacer una buena copia en poco tiempo… tal vez un mes…”.
“¿Un mes? – reí -. Una semana y ya es mucho tiempo”.
En Sevilla e a siete de noviembre del año de dos mil e seis.


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