brió Cayetano la puerta al oír el timbre e aparecieron doña Dolores e Fermín e, adentrándose en la casa, acercóse el pequeño hasta la mesa, dio los buenos días, besó la cruz de Su Ilustrísima, que lo bendijo e lo besó e, dando la vuelta a la mesa, besó primero a tío Marcos e a Chuti, luego a mí (tirándome de los cabellos) e luego a todos sus amigos. Tras este saludo tan ordenado pidió luego licencia para subir a saludar a su animalito e le fue concedida:“No os lo bajéis aún hasta que terminemos el desayuno”.
Dijimos a doña Dolores compartiera nuestra mesa, mas dijo ya habían desayunado, e insistióle don Juan catase uno de aquellos buñuelos; e fueron tan de su agrado, que se le sirvió un poco de café.
Pasamos luego al salón, más cerca de la chimenea, que el tiempo es soleado mas muy fresco, e hubimos luengas pláticas e se hicieron nuevos trazados. Con esto, pasó el medio día e aparecieron don Antonio, su señora Pastora e su hijo, e también les hicimos pasar al salón e se sirvió una copa. Así, le hice unas señas a Marcos e subimos entrambos, tras pedir la venia, para recoger algunas cosas. E bajamos al punto con muchas bolsas e algunas cajas e todos miraban con extraño. Poniéndolas a un lado, fuimos entregando un regalo a cada uno de los presentes e pedí licencia para entregar a Antonio ropas traídas de la ciudad, de las que pocos niños pueden hacer uso en el pueblo, pues se miró mucho antes (al comprar sus ropas en la tienda del «lamparuche») el tamaño de su talle. E todo el salón se llenó de ropas, juguetes, dulces e otras muchas cosas. E salieron luego los niños al jardín a jugar con sus amigos e sus amiguitos animales, quedando allí los mayores en pláticas. E viendo don Juan se notaba en el gesto de don Antonio cierta tristeza, le dijo:
“¿Acaso os disgusta se regale a vuestro hijo lo que, según entendemos, se merece? No habéis de tener cuidado por tal, que vos no podéis satisfacerle con algunas cosas e para nosotros es de obligación hacer esto”.
E dijo don Antonio a media voz:
“No es disgusto, monseñor, esto que siento por los regalos recebidos, sino que siento no poder corresponder a vuesas mercedes tal como con mi hijo lo hacen”.
E añadió su esposa:
“No es de razón rechazar algo que a mi Antonio le va a encantar e que nosotros no podemos darle ¡Dios os bendiga por lo que hacéis e con creces os lo pague!”.
E oyendo esto, hablé yo:
“Nada nos debéis, que más vale un buen deseo de un pobre que los millones de un rico. Aceptad lo que se le regala a vuestro hijo y, en habiendo sabido que vendrían vuesas mercedes, también habría regalos para vuecedes, que no es esto más que la celebración de una empresa concluida. Bebed agora alguna cosa e tomad un bocado, que ya es hora de ir preparando el estómago para el almuerzo”.


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