18 noviembre, 2006

Del desayuno de las sorpresas

esóme Marcos para despertarme, pues en sueños profundos me hallaba e, después del aseo, bajamos con tiempo para el desayuno, mas ya estaba allí Su Ilustrísima con sus rezos e lecturas:

“Buenos días nos dé Dios, capitán e compaña, que según veo no es sólo Julio el que toma de la mano a Chuti”.

E advirtiendo íbamos asidos, soltamos con disimulo nuestras manos e le devolvimos los buenos días:

“Buenos días, Ilustrísima – dije -, que así hay que desearlo por no saber qué cosas pueden ocurrir hoy. Dentro de otro poco, bajarán los niños e un poco más tarde vendrán doña Dolores e Fermín e también pensamos vendrá Antonio a medio día cuando acabe su labor de reparto del pan. E cuando todos estemos reunidos, hemos de entregaros Marcos e yo algunos presentes que traemos, que para todos se han comprado por haber terminado una parte de mi empresa”.

“Mucho tiempo habéis adelantado la llegada de SS.MM. Los Reyes Magos con sus regalos – contestó con grata sonrisa -, esperemos no sea más que un adelanto de lo que llegará en su día. E sabed vienen mañana don Diego e doña Montserrat”.

E bajaron al poco los niños con Chuti cuando sonaba la campanilla que nos avisaba.

“¡Ay, Dios mío! – exclamó Su Ilustrísima - ¡Sabe Él bien qué cosa habremos hoy para desayunarnos, que siempre hay viandas de buen catar en esta casa e no puedo dejarlas en el plato!, que hay muchas criaturas de Dios que no pueden desayunarse como nosotros lo hacemos. He traído yo, además, para el capitán (e todos), algunos dulces que me ha entregado Ildefonso e que ¡parecen pedir se les coma cuando se ven! Anoche se guardaron a buen recaudo en la cocina e serán servidos con los demás”.

“Un desayuno fuerte, según veo – dijo Marcos tosiendo -, vamos a tener esta mañana, que me sé yo muy bien la calidad de la tahona de don Ildefonso”.

“Fuerte e con sorpresas – nos aclaró don Juan -, que según me dice María, vienen buñuelos para ser fritos agora e servirse calientes, e traen éstos una sorpresa según se me ha dicho”.

E ya comenzado el refectorio, aparecieron los buñuelos recién fritos, e todos tomamos alguno para degustarlo e, escondido en su interior había un mensaje para quien lo comiese, como ciertos pastelillos de la suerte que se comen en Oriente.

Buena ventura me daba lo leído en el interior del mío, mas dello nada dije.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario