10 noviembre, 2006

Del cumplimiento de las leyes según don Juan

espués del solitario e triste paseo que hice hasta la parte más alta del pueblo, bajé bajo una fina lluvia hasta la casa y encontré había llegado Su Ilustrísima e jugaba con los niños e le decía a Marinín:

“¡Ay, niño que aún sois!, que cuando seáis hombre a muchos daréis liciones, que me tenéis aquí oyéndoos e cosa alguna sé qué deciros, sino que no sois como los demás a mis ojos”.

Sonó luego la campanilla e pasamos a la cena y, estando los niños muy cansados, se retiraron pronto a sus dormitorios e quedamos Marcos, don Juan e yo sentados junto a la chimenea.

“Me hablaba Marcos de ciertos comentarios – dijo don Juan – que bien no entiendo. Aunque bien conozco los pensamientos de Maquiavelo e puedo deciros pasajes completos de varios de sus libros”.

“He dado orden – le dije – de que no se hable desto estando los niños presentes, mas como agora hanse ido al descanso, bien me gustaría dieseis vuestra opinión para don Marcos e para mí”.

“Bien conozco la obra deste hombre – dijo – e sé cómo queréis aplicarla a nuestro «príncipe», que aún siendo cristiano e católico, da la razón a éstos que se llaman a sí mesmos laicos o ateos, mas celebran las fiestas establecidas por la Iglesia, que eso de trabajar es duro. Si hace ya meses que dicen algunos vascos que son una nación e que quieren su independencia de España, debería nuestro príncipe haber cumplido nuestra ley de leyes, nuestra Carta Magna, e decirles que son una región de la España indisoluble; mas no lo ha hecho. Siento en mi alma tener que decirle a don Marcos que este «príncipe» es uno desos de los que habla Maquiavelo, que sobrepone su seguridad a la ley; y sobre la ley no puede ponerse nadie. Si la ley no se cumple, aparece la violencia, e con ésta se resolverán los problemas”.

E fue tal la sorpresa de Marcos, que levantóse e fuése hacia la cocina a pedir alguna copa que tomar.

“La violencia no me gusta cuando hay leyes que regulan nuestro comportamiento – dijo entre tanto don Juan -, mas si alguien no las cumple, ¿cómo le convenceréis de que debe hacerlo?”.

En Grazalema e a diez de noviembre del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario