sí lo pensé y así se fizo, que decía Cayetano era yo hombre de «decir melón, tajada en mano», que como vuesas mercedes han de saber, describe a la persona vehemente. Buscó muy de temprano Cayetano al maestro de obras, que en esta temporada de otoño no ha mucho trabajo e dile tales razones:“No sé, ni me importa, si vuesa merced ha oído habladurías desta casa. Una obra quiero e necesito se haga, si ello es posible, a partir deste mesmo momento”.
E mostrándole los planos por mí dibujados, preguntó qué arquitecto había planeado tales obras e, por no darle muchas explicaciones, le dije que yo mesmo, que en arquitectura era examinado aunque no ejercía.
“Muy buenos trazados veo – dijo satisfecho -, que me ahorrarán muchos pasos. Uniré entrambos salones tal como aquí aparece e con los dos escalones que salvan la diferencia en altura e veo están medidos con total exactitud, e una puerta unirá los pasillos traseros con el mesmo desnivel e otra más, con puerta fuerte que habrá que medir bien e fabricar, dará salida al jardín. Si ha de pasar la cocina a este lado por ser más grande, veo aquí se unirá la usada hasta agora con el salón que, a fe, me parece el más grande que he visto en mucho tiempo”.
“No olvidéis – le dije – ambos jardines se unirán en uno. Tened en cuenta el lindero ha de desaparecer y el jardín se extenderá con este, mas quiero esa obra hecha lo antes posible”.
“Señor – me dijo -, las cosas ponéis difíciles, mas me interesa a mí hacer la obra en el menor tiempo, pues tanto os voy a cobrar por un día que por una semana”.
E diciéndome el montante, entréguele la mitad del dinero a cuenta, cosa que fizo maravillas, pues en poco, envió hasta cuatro obreros para abrir los muros en las proporciones que le di.
Mientras tanto, llamé a don Pedro Salas por asegurarle me quedaba con la casa e me dijo no sabía cómo agradecerme lo hecho por ellos e preguntóme si había alguna forma de convertir aquellas pesetas en euros. Así, le dije que esperase a la tarde del viernes e que mi abogado resolvería lo pactado:
“Por dos veces habéis vendido la casa aunque hayáis tenido que esperar veinte años. Desto me alegro e de que podáis renovar la vuestra para comodidad de vuestro hijo e la vuestra propia. Mi dinero se os entregará en moneda y al contado; dejadme ver si hay forma de convertir moneda antigüa en moneda moderna”.
“Nunca podré agradeceros lo que por mí habéis hecho”.


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