18 noviembre, 2006

Del aviso que faltaba del inspector leonés

ubo grandes alegrías e fiesta e juegos e, despedidos todos los invitados, tomamos un poco de descanso. Fue entonces cuando sonó la musiquilla de mi móvil, que me daba aviso del inspector:

“¡Capitán, cuánto me alegro de volver a saludaros e, mejor, por haber buenas nuevas para vos!”.

E puso Marcos atención a mis palabras.

“¿Qué cosa decís? – respondíle con asombro - ¿En verdad hay novedades e son éstas tan buenas como manifestáis?”.

“Así es, pues cuanto papel había que conseguir ya está en mi poder, los permisos (que han sido harto dificultosos de conseguir), e todo cuanto había trazado”.

“Lo que decís me tranquiliza – le dije -, que si he de seros sincero, un tanto inquieto me hallaba por tener que cambiar lo pensado”.

“Nada hay que cambiar – respondió -, mas sería de razón estuvieseis aquí el domingo a medio día, pues es necesario habléis con una persona una pieza por llegar a un acuerdo. Nada importante, mas necesario”.

“Así habremos de hacerlo si es preciso – le dije – que por medio día más allí por poco se pleitea”.

E luego de hablar de otras cosas (sin dar detalles), hubo una cordial despedida.

“El domingo a medio día – le dije a Marcos -, necesitamos estar en Madrid. Dejaría yo a los niños aquí con Su Ilustrísima avisando a la escuela faltarán un día, el lunes, por motivos… importantes; e volveríamos a recogerlos en acabada la empresa ¿Qué pensáis?”.

“Dejadme meditarlo – contestó -, que eso de que los niños falten a sus clases un día, no me parece muy atinado; mas he de deciros, que siendo este encuentro de tal importancia, me place vuestra decisión”.

“Sea pues - le dije -, e si hubiese que cambiar alguna cosa, proponed el cambio”.

“Vuesa merced es el capitán e yo he de serviros en cuanto os sea menester”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario