omo en llegando la tarde (ya parecía noche) seguía cubierto el cielo e la lluvia no cesaba, enseñé a los niños unos antigüos juegos e fue tal el éxito e las risas que hubieron, que hízose Diego Jesús pis encima e hubo de ser aseado e cambiado. E así, hizo luego Su Ilustrísima una ronda de preguntas, como en apuesta, por saber quién sabía mejor el Catecismo; y era maravilla de ver cómo los niños sabían la respuesta a cada pregunta, mas creyendo don Juan sabían las preguntas de memoria, cambió su trazado e también las preguntas; e no había fallo alguno en las respuestas. E concluyendo, dijo:“Como ganador a ninguno de vosotros puedo designaros, que todos me ganáis e no quiero comprobar si ocurriría lo mesmo con el capitán e con tío Marcos. Por tal se os debe regalo por los buenos estudios que habéis hecho en las otras materias, e pediría yo se os diera una buena recompensa por todo lo que acabo de oír”.
Así pues, llegaron las seis de la tarde e miró Su Ilustrísima su antigüo reloj de bolsillo:
“¡Santo Dios! Que las seis ya son e deberíamos rezar el Ángelus por ser día que lo pide”.
Con esto, se encendieron las velas de San Francisco de Javier e pusímosnos todos en pié a su en derredor e muy concentrado e con grandísima devoción comenzó orando e fue subiendo el tono de su voz:
“El ángel del Señor anunció a ¡María!”.
Mas antes de continuar, apareció corriendo María por ver si se la llamaba o alguna cosa necesitábamos:
“No, mujer – le dije -, es que comenzamos a rezar el Ángelus. Llamad, si es vuestro deseo a todo el servicio, que ha de ser oración muy especial”.
E así lo hizo, que con nosotros se reunieron aunque quedando un poco a la zaga.
E volvió a comenzar Su Ilustrísima:
“El ángel del Señor anunció a ¡María!”
E todos respondimos:
“Y concibió por obra e gracia del Espíritu Santo”.
Así, e con más ceremonia aún, continuó don Juan:
“¡He aquí la esclava del Señor!”.
E comenzaron los niños a mirar dónde había aparecido la esclava de tío Marcos, e ya Su Ilustrísima comenzaba a desesperarse.
E todos dijimos:
“Hágase en mí según tu Palabra”.
“Y el Verbo se hizo carne….”
Hizo una pausa e oyóse en murmullos decir: «De carne mechada me comía yo un buen bocado»
“…y habitó entre nosotros”.
E se rezaron luego hasta tres galimatías, que no Avemarías, pues las rezaba don Juan en latín e nosotros en español.
E por dar cumplimiento a la ceremonia, se sirvió un vino e se asaron unas castañas.
En Grazalema y a dos de noviembre del año de dos mil e seis.


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