13 noviembre, 2006

De los preparativos para el paso final (1/3)

uy de temprano, comprobamos que los niños hacían su aseo como se les ordenó:

“¡Fermín, hijo! – le espetó Marcos -, ya os he dicho que debéis secaros bien los oídos o acabaréis con éstos enfermos e llenos de cerumen”.

Vestidos e repasados, bajaron al desayuno y esperaron una corta pieza a que llegase Valeriano a por ellos e, ya partidos a la escuela, llamé a Marcos al bufete e nos sentamos a trabajar. Le expuse mi trazado e iba cambiando la color de su piel, le temblaban las manos e acabó llevándoselas a la cabeza:

¿Dios Santo!, capitán – exclamó -, lo trazado es una locura que luego nadie entenderá”.

“Es cierto – contestéle -, sólo los que deben entenderla la entenderán. Es arriesgada hasta tal punto que parece una locura, pero una ver llevada a cabo, estos miserables nunca más se acercarán e daré por terminada mi labor, mas antes desto quiero se me devuelva lo que es mío, que aunque no es posible, con el dinero podría paliarse”.

“A fe que o estáis loco o sabéis algo que yo no sé – dijo asustado -, que parece vuestro trazado cosa de libro e no de la realidad”.

“Pues así será como se haga – dije seguro -. Veamos agora cómo van los trabajos de la caja roja, luego los de las galerías del sótano e dejadme más tarde haga las llamadas pendientes. No comentad esto con nadie; sólo vos e yo debemos saberlo”.

Así, fuimos a la habitación que se habilitó como taller e llamamos con prudencia. Abrió el viejo artista desde dentro su seguro e pasamos por ver su trabajo:

“A fe – le dije – que tal como lo lleváis ya, confundiría yo una con otra. No es menester hacer el trabajo mucho más complicado. Procurad, si es posible, no se abra la caja sino haciendo un gran esfuerzo. No quisiera la abriese cualquiera con facilidad”.

“Tal cosa ya la he pensado al ver la original – me dijo – e para abrirla será necesario tirar con fuerzas apretando la parte delantera e la trasera de la caja. No habed cuidado, que sola no ha de abrirse. ¿Y llevará algo en su interior?”.

“Terminados los trabajos – aseguréle – sabréis lo que llevará aunque no entendáis por qué”.

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