tardecía cuando ya estaba todo preparado para la vuelta a Sevilla dejando antes a Su Ilustrísima en Ronda, cuando tomé a Marcos e le dije buscase un coche más grande donde pudiésemos viajar más gente. Así me dijo que sabía de uno, bien caro, que podía llevar hasta nueve personas y equipaje y le di licencia para comprarlo usando el dinero que habíamos obtenido. Con esto, me dijo que debería comprarlo él, pues debe personarse el comprador e no puede ponerse a nombre de otra persona, que esto podría hacerse más tarde, e así le dije yo que lo comprase como suyo.Marinín seguía sin convencerse de separarse de mi lado e sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas que no acababan de salir e su boca no se abría manteniendo silencio. Su Ilustrísima, no habiendo mucho que hacer en Ronda e sabiendo lo que iba a hacerse hoy, propuso quedarse con Cayetano e conmigo por si fuese menester, e así le dijimos estaba en su casa y la futura prolongación della; e le vimos repasar todo aquello que traía por ver si faltaba algo para alguna liturgia.
Tomando luego a mi pequeño entre mis brazos, rompió en llantos desconsolados e me abrazaba con fuerza e temblaba.
“No quiero os acostumbréis a vivir sin mí – le dije – ¡que son cuatro días! Os quedaréis e ya veré yo cómo decirle esto a don Julio, que hay niños que necesitan esa escuela para sus estudios e vos, que la tenéis, no acudís. Quedaos conmigo, que así no quiero veros, mas sabed que es la última vez que me obligáis a hacer trampas con la escuela”.
E poco después partían para Sevilla todos e quedábase Marinín asido a mí con fuerzas, pues aún pensaba podían volver a por él. E don Juan dijo tener todo lo necesario por si fuere menester e que iría a las ocho, a la misa, por hablar con el párroco por si hubiere de acompañarle en alguna labor.
E hoy, al amanecer, comenzamos a hacer los trazados para comprobar que la casa que íbamos a adquirir no había nada de extraño en su interior. Con esto, el servicio preparó los dormitorios para Cayetano e María, Marinín e yo e uno especial e bien grande para Su Ilustrísima. El día completo pasaríamos allí ordenando los pocos muebles que aún quedaban e pensando cuáles serían los nuevos que se pondrían e, llegada la noche, tras la cena, allí pasaríamos descansaríamos por vigilar hasta el último detalle.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario