olvimos a la casa por tomar un pequeño bocado y un gran trago, que lo visto no era de razón, pues poníamos nosotros aquella banqueta en pie e no caía sino cuando no estábamos, e vimos en los nuestros propios ojos Marinín la levantaba e caía. Bajó la calle Cayetano como llevado por los demonios e don Juan en oraciones y latines. Así, tomado algo e bebido otro algo, le dije al niño restase con María en casa, pues iríamos al lado sólo a ver una cosa e volveríamos al punto.Temblábale la mano a Cayetano mientras giraba la llave de la puerta e luego mientras la abría muy de espacio e, allí, junto a la chimenea, estaba la banqueta caída en el suelo. Con sigilo nos acercamos e tomóla Cayetano por los lados, como hizo Marinín, por ver si así volvía a caerse, mas poniéndola en pie, así se quedó.
Extrañado el tercio de lo que veíamos, dije con calma:
“Seamos adultos e no niños, que cuando esto sucede ha de ser por alguna razón que el niño e nosotros no hacemos de igual forma. Vayamos agora a las estancias traseras e tomemos el libro con las medidas de los muebles. Así veremos qué ocurre cuando volvamos”.
E nos fuimos muy de espacio a por el libro de notas e vi cómo miraba don Juan con recelo hacia atrás por si la veía caer. Tomé el libro e le dije a Cayetano que iríamos a Ronda a por los muebles necesarios cuando se comprobase no había más problemas e quitásemos los muebles antigüos, que toda la casa iba a ponerse con mueble rondeño.
Cuando salimos al pasillo para volver al salón, allí, al fondo e junto a la chimenea, estaba la banqueta caída en el suelo.
Con enfado e decisión tomé el pasillo hacia la banqueta, la así por los lados e alzándola en los aires, dije:
“¡Ya está bien! Ni aparecidos ni espíritus ni almas en pena, sino pura güasa de alguien que quiere no tomemos la casa. Hagamos una prueba más”.
Así, colocando la banqueta en pie sobre la mesa, le dije a mis compañeros se sentaran en derredor:
“¡Nadie se mueve de aquí hasta que caiga!”.
“Creía yo – dijo Su Ilustrísima – que el día de los Santos Inocentes era en diciembre”.
E allí estuvimos una luenga pieza sin apartar la vista.
E llamaron a la puerta con fuerzas e fue a abrir Cayetano y entró Marinín como ventisca. Entonces, cayó la banqueta.
“A Ronda iremos esta tarde a buscar los muebles e quedará este asunto para mañana hasta que sea resuelto”.
En Grazalema e a veinte e ocho de noviembre del año del dos mil e seis.


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