12 noviembre, 2006

De las novedades desta tarde

leváronse al pequeño Berto a su casa en aquella silla con ruedas e bien cubierto e despidióse doña Dolores agradecida hasta el sábado siguiente por ser de ayuda para cuidar al enfermo. E veía yo a Marcos pálida la su faz e grave el gesto e, acercándome a él, lo besé, le sonreí y le dije:

“No puedo deciros que lo que he hecho no era arriesgado, pues tenía ese niño un mal que llamo yo de la «serpiente blanca», que en pocas horas entra en la sangre y en pocas horas se lleva el alma e puede pasar de una persona a otra con tocarla. Mas el peligro es ido. Calmaos e descansad, que os necesitamos a nuestro lado como vuesas mercedes creen necesitarme a mí. Tomaremos el coche cuando os sintáis sosegado. Bien entiendo vuestro temor por estas cosas e que se os diga no podéis entrar en casa. Sé muy bien lo habéis pasado muy mal, mas ha sido por una buena causa. No tengáis cuidado agora, que la serpiente se ha ido”.

E me miró sonriendo e, tomando mis mejillas me besó en diciendo:

“Mal lo tenéis si pensáis os voy a abandonar, Marino”.

E arropándolo en el asiento largo [sofá] acaricié su corto pelo dorado.

E con sigilo, salió Cayetano a hacer la limpieza que le enseñé había de hacer en el temazcal e recogió las hojas más valiosas (las de tabaco) e vertió agua limpia sobre las piedras e salimos don Juan e yo a dar un paseo por el pueblo antes de volver e, íbamos bajando, cuando se paró, llevóse la mano a la frente e me dijo nervioso:

“¡Sobrino, no sé cómo he olvidado cosa tan importante!, que esta cabeza mía a veces parece se va quedando hueca de perder recuerdos y llena de algo que no deja entren los nuevos. Conseguí, ¡al fin!, los padres de Julio firmasen el papel. Debo de confesar que usé alguna que otra mala arte, que no quería leyesen el apunte donde se decía ya no podían reclamarlo. Mas el papel obra en mi poder y ya el juez lo ha leído e hame prometido con certeza plena, que donde está el niño, ha de quedarse legalmente”.

“Buena nueva me decís – contestéle de contento -, que ya casi yo también había olvidado tal. Es cosa que debo decirle a Chuti o ¿pensáis es mejor esperar?”.

“El asunto es seguro se resuelve – dijo -; Chuti, que tendrá algún nombre cristiano, deberá venir a Ronda a firmar los papeles. Decidle pronto será su hijo en el momento en que estampe su rúbrica en el juzgado de Ronda”.

“Haremos ese día también una tarta para ellos”.

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