lamónos don Juan tras el almuerzo al salón e, diciendo a los niños fuesen a hacer sus labores e sus juegos, dispúsose a hablarnos a Marcos a Chuti e a mí e advirtiónos que sus palabras serían sinceras e que no diría cosa tal que en su mente no se hallase, e con este preámbulo comenzó en diciendo:“Hay en esta casa jóvenes e un viejo, que no soy otro sino yo e que tiene en mente que han de ir los jóvenes por un camino e los viejos por el otro más llano, que el cuerpo no aguanta muy bien los años e aparecen la dolamas por mucho vapor que se tome, e siendo que ya he tomado esos vapores una vez e otra vez no quisiera tomarlos, e así que he visto que mis piernas no responden como yo quisiese, he de manifestar agora a vuesas mercedes mi intención de restar en la casa cuando al campo se vaya, a no ser se me asegure el suelo es asentado e no tiene muchas pendientes, mas como tampoco quiero dejar los asuntos que aquí me traen todas las semanas, e pienso cumplirlos, bien creo deberíais decirme de qué asuntos se trata, que a ninguno dificultoso quiero comprometerme si sé no he de poder cumplirlo, pues hasta en la misa, cuando he de hacer genuflexión ante el Santísimo, siento el crujir de mis huesos e de mi espalda, aunque también he de manifestar mi mejora con los remedios del capitán e de los vapores, así, si hubiere menester hacer algún escrito, entregar algún mensaje, otrosí, hacer unas oraciones por el buen desenlace de los acontecimientos, a vuestra disposición estaré en ello, mas si en la misión encomendada hubiese que hacer esfuerzos, correr e cualquiera otra cosa que pudiera fatigarme, preferiría no comprometerme a ella, que más que ser de ayuda pudiese ser de gran estorbo e tal cosa no me complace”.
E oyendo tal explicación, le dijo Chuti:
“Sepa vuesa merced, que claro ha quedado el mensaje que nos habéis manifestado e que ya todo el trazado está preparado por el capitán, pues cada uno hará cuanto pueda hacer, que así como el capitán es diestro con las armas e ágil con su cuerpo, e don Marcos hombre de asesoramiento en leyes e otros entuertos e podría yo con mi astucia aportar alguna cosa, así, unidas las fuerzas de un lado e las de otro, se llevará a cabo la empresa e se vencerá al enemigo acechante”.
“¡Válgame Dios! – exclamó Marcos -, que acostumbrado a las pláticas estoy e han sido vuestras frases tan largas que casi me pierdo en ellas”.
E viendo yo Su Ilustrísima intentaba excusarse por no poder hacer lo que quisiera, le dije:
“En Ronda habréis de quedaros mientras no se os diga lo contrario, que vuestras misiones habéis por cumplir, mas si algún ayuda necesitásemos de vuesa merced, se os pedirá, no habed cuidado, e agradecidos os quedamos de vuestro ofrecimiento, que nadie os ha pedido la tal ayuda e la habéis brindado”.
E así, quedó más tranquilo e pidió se le sirviese un bocado.
En Grazalema y a cuatro de noviembre del año de dos mil e seis.


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