a fuerte lluvia e la obscuridad, nos hicieron pensar en volver a Sevilla antes, que estar encerrados en la casa todo el día no nos parecía atinado, mas pensando luego que en Sevilla nos ocurriría cosa igual, decidimos hacer un juego de mesa que los niños tenían e que es llamado «Monopoly» (que según su etimología ya me daba una idea de qué tratábase). Así, tras el almuerzo e con las luces encendidas se extendió un tablero sobre la mesa e se explicaron las reglas del juego, que pareciéronme fáciles; mas no era el juego tan fácil. E jugando estábamos, cuando dijo Su Ilustrísima:“Más casas que las que posee el capitán parece haber ya en el tablero de juego, que aparte de las dos que en Sevilla posee e las dos que parece tendrá aquí e la de Ronda, que le pertenece, sé que en toda España tiene casas e palacios”.
“Así es, Ilustrísima – le dije -, mas habéis de saber que todas ellas serán reformadas cuando pueda ser e serán puestas en alquiler, que vender no quiero. E si la casa aledaña a esta está inhabitada ¿por qué no darle uso cuando esta se nos queda pequeña?”.
“No me molesta ni es estorbo para mí venir a Grazalema tan a menudo – contestó -, mas echo de menos aquellos días que en Ronda pasábamos, e los paseos e otras cosas. Tal vez a los niños les gustaría ir allí un sábado e domingo, que no es estorbo para mí tal cosa e hay sitio para acomodaros”.
“La oferta de Su Ilustrísima – le dije – ha de ser tenida en cuenta, que aquella casa tiene lo que no tiene esta”.
“Esto os digo – aclaró don Juan – porque penséis si en verdad os es provechoso tener tanta casa en tanto sitio en vez de un buen palacio aquí en un sitio sin parangón”.
“Primero – le dije -, he de ampliar esta casa como sitio de holganza; luego, he de mejorar un poco mi casa palacio de Sevilla, la de la Calle Estrella. Luego, ya pensaré qué hacer con las demás, que no quiero perder el placer de tener alguna casa en Castilla”.
“Al Monopoly este me parece jugáis en la realidad – contestóme -, que hay casas para dar techo a más de quinientas personas e no se están usando. Mas siendo vuestras ¿quién soy yo para daros consejo alguno?”.
“Pues como consejo os lo tomo – concluí -, que no sólo hay sitio para tanta persona, sino que pudiéranse usar estos sitios como lugares de acogida. Dejadme pensar en ello”.
“Viera yo mejor vender a buen precio todas ellas - dijo don Juan – e construir una grande, cómoda e bellísima e moderna en Sevilla donde acoger como decís a todo aquél que lo necesitase. En esa labor podéis contar con mi ayuda”.
E por debajo de la mesa, tomó Marcos mi mano e la asió fuerte:
“Yo os ayudaría en ello sin compromiso alguno”.
En Grazalema e a veinticinco de noviembre del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario