03 noviembre, 2006

De la variedad de las viandas

repararon para el almuerzo una cazuela de callos con chorizo, morcilla e otras muchas viandas e pudimos ver a don Juan bendecir la mesa con rapidez en espera de dar buen cumplimiento a ese e a otros platos preparados.

“Pensarán vuesas mercedes – dijo ya comiendo – en casa no se come o se come mal; mas nos es aqueso, sino que el gusto está en cambiar de lugar e de cocinera, según veo, pues tampoco he catado yo cazuela como esta e mirad que soy harto ilustrado en esto del buen yantar. Ocurrió una vez en casa que Cristina hubo de salir a ver a un familiar enfermo, e por no causarme fatiga, no dijeron cocinaba otra mujer; rondeña que de nombre tiene Luisa. E al catar yo aquellos platos, ordené se le dijera a Cristina que nunca había preparado viandas tan ricas. E fuése Luisa contenta de haber cumplido su misión, mas, oyendo esto luego Cristina, pensó no era ella tan buena cocinera. Así, le dije que ahí estaba el secreto: en cambiar; pues es Cristina mujer de buena mano en la cocina como pocas”.

“Así os cuida, Ilustrísima – dijo Marcos -, que no puede decirse estáis obeso, pero sí bien alimentado”.

“E a mí – dijo Marinín -, me enseñó cómo hacer un gazpacho e deberían vuesas mercedes probar qué rico lo hago”.

“Sopa es esa de verano – dijo don Juan -, por los frutos que lleva e por tomarse fresca, mas si lo hicieseis, con gusto lo tomaría, que ya lo he catado e sois buen cocinero. Si al resto de los invitados les apeteciere, para la cena podríais hacer uno, así os entretenéis en algo bonito e sabroso e descansáis un poco de los otros juegos. Enseñadle a vuestros amigos cómo lo hacéis, que en no habiendo fuego de por medio, no es tarea peligrosa”.

“¿Puedo hacerlo, papá? – preguntó con ilusión -. ¿En verdad comeríais mi gazpacho?”.

“No veo razón – le dije – que por estar hecho por vos mesmo, no queramos catarlo. Preguntadle agora a María si tiene los avíos que necesitáis e lo preparáis con ella esta tarde”.

E se oyó la voz queda de Antonio: “¡Ostias, tío! ¿Sabéis cocinar también?”.

“¡Esa lengua! – concluyó Su Ilustrísima – “.

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