01 noviembre, 2006

De la «tostoná» de Ronda

n aviso de don Diego e otro de don Juan, cambiaron nuestros planes para el día de Todos los Santos, que no se pudo celebrar el año anterior por encontrarnos Marcos e yo en Toledo y en circunstancias difíciles. Tenía previsto don Diego organizar lo que en la Serranía se llama la «tostoná» (aunque en Grazalema es el «tostón»).Así, por la mañana temprano nos fuimos a Ronda e llevábamos todos las ropas de campo. Asistimos primero a la misa de precepto e hubimos de esperar en la plaza una buena pieza, pues todo el pueblo acudía a saludar a Su Ilustrísima, que púsose sus ropas de gala para tal ceremonia donde cada uno recuerda a los que ya no están. Mi caso es bien distinto, pues si hubiese yo que recordar a todos los seres partidos, me llevaría una semana; con esto, decidí dar gracias por haber tantos seres queridos agora en vida.

Me avisaba don Marcos de que mucha gente llevaba en el coche, pues viniéronse Chuti e Julio, e me decía que la guardia castiga por tal cosa e le decía yo pagaría el montante que se pidiese. E luego desta espera, tomamos el camino del cementerio e se hicieron allí algunas oraciones e, habiendo muchos coches, fue la gente repartida entre los otros.

Llegados a la finca de don Diego, subimos hasta la antigüa era donde celebrárase la Noche de San Juan e allí había lugares dispuestos para asar carnes e otras viandas muy ricas de catar e vino que se bebía en bota e todos se teñían la cara de negro con la carboncilla de los asadores; e vi yo a Su Ilustrísima gozar de la fiesta e del buen yantar. Hube de tener cuidado con los niños, pues entre sus juegos, tomaban la bota e bebían como si aquello fuese agua e me pareció estaban demasiado de contentos. Mas, lo más importante de la fiesta eran las castañas, que las asan aquí agora de otra forma. E así pasamos el día hasta que caía la noche.

Volvíamos a Grazalema en el coche ya con don Juan e vio Marcos a la guardia a la salida de Ronda e dijo a los niños se agachasen por no ser vistos e pasó con lentitud junto a ellos e les dimos el saludo; e la guardia nos saludó al conocernos e seguimos el camino.

Llegados a la casa le dije a los niños había llegado también la hora del aseo e subieron corriendo a su estancia e se me acercó Chuti e me dijo con respeto:

“Quisiera yo advertir al capitán, si se me permite, de que estos niños son ya bastante mayorcitos para que se aseen ellos solos y por separado. No quiero decir me moleste asearlos ni quiera yo quitaros una labor que hacer, sino que son niños de mucho saber e ya deben haber aprendido cómo hacerlo”.

“Toda la razón os doy – le dije -, aunque sé disfrutan con el baño cada día. Cuando lleguemos a Sevilla, estableceré un tiempo e un orden para el baño de cada uno. Sí es verdad, que cuando usan los calzados con cordones la cosa es más difícil”.

“Dejadme pues a mí si queréis – respondió - los enseñe yo en esos menesteres, que tampoco me parecen cosa difícil, mas si seguís haciéndolo vos, nunca han de aprender”.

“Sea pues lo que decís – concluí – que muy de razón me parece”.

E terció Su Ilustrísima con sus consejos:

“Nada de ello quería yo deciros, que vos sabéis cómo queréis educar a los niños, mas me gustaría fuesen ya hombrecitos hechos, que quisiera yo tomasen su Primera Comunión en mayo e también habrá que prepararlos. Ya moveré yo los hilos (como una vez lo hice), para que sea Su Eminentísima, el Cardenal, el que haga la ceremonia”.

E no estando la noche para mucho paseo, decidimos restar en casa.

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