legaron los niños con gran contento, que les había dicho don Julio pronto estarían todos juntos en la mesma escuela. E fue gran alegría para Chuti e su pequeño Julio.Le dije luego a todos había estado en una tienda de animales e lo que había visto e me oían con gran interés e sonreían e Marinín se interesó por los pájaros, Diego Jesús por las tortugas e Fermín por saber si había iguanas.
“Esta mesma tarde hemos de llevaros tío Marcos, Chuti e yo a esa tienda e cada uno habrá de elegir su animal preferido, que en esta casa hay sitio para ellos, mas quiero sean cuidados con esmero; cada uno cuide el suyo e lo alimente o será devuelto a la tienda”.
E hubo otra gran fiesta e gritos e alegrías.
“Una cacatúa quiero yo – dijo Marinín -, que quiero enseñarla a decir cosas bonitas e no como otras gentes que les enseñan palabras malsonantes”.
“Una tortuga de agua preferiría – dijo Diego Jesús -, que puesta en la fuente tendría una gran casa e sería bonito para los visitantes el verla”.
“Me gustaría haber un perrito – dijo Julio -; si eso pudiere ser, e le pondría de nombre Ilustre”.
“Una iguana quisiera – dijo Fermín -, aunque habré de mantenerla atada algunas veces, que tanto corren e se esconden, que en casa tan grande como esta no la encontraríamos”.
E pronto pensé en el siguiente e cuarto envío.
“Cambio de uniforme, un poco de aseo y todos al almuerzo. ¡A la orden!”.
“Marino – me dijo quedo Marcos -, ¿en verdad vais a llenar esta casa de bichos?”.
“No preocupaos – le dije – que no son bichos, sino animales muy dóciles e tranquilos. El miedo que sentís agora no es otro que el de no conocerlos. Tal vez la palabra «iguana» os asuste si no habéis tenido una con vos durante algún tiempo, que es animal inofensivo e más listo de lo os pudiera parecer, mas si hubiera por nombre Manolito, ya lo veríais de otra forma. La ignorancia, a veces, produce esos temores. Creedme e mirad cómo actúan los niños con ellos. E aprended”.


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