legados que fuimos la noche anterior al pueblo, hubimos de subir por llevar a Fermín a ver a su madre e a ella abrazóse e se decidió durmiese allí con ella. Marinín nada dijo de la decisión tomada, mas parecióle a Diego Jesús los abandonaba.Llegado muy de noche don Juan e cerca de la cena, extrañóle no ver allí a los cuatro pequeños e hube de narrarle lo sucedido, que ninguna importancia debería tener. Otrosí, le advertí que quizá hubiese la necesidad de ausentarme e Chuti cuidaría dellos; e ofrecióse muy gustoso a cuidar dellos también. E acercándose Julio a él asido de la mano de Chuti, abrazólo e puso su cabeza sobre su pecho: «¡Tío Juan!». E le dijo don Juan:
¡Mi pequeño Julio!, que tan mal lo habréis pasado e veo agora estáis contento por vivir en Sevilla, estudiar para ser un hombre de provecho, e compartir vuestras horas con vuestros amigos e vuestro futuro padre. ¿Cómo pasáis el tiempo allí? ¿Os gusta cuanto hacéis?”.
E respondió el pequeño con claras palabras:
“Tengo un profesor que me enseña cosas muy importantes e juego con mis amigos e con mi nuevo perrito, que de nombre ha Ilustre. Tengo mi propia máquina e nada me falta. Sé ha sido vuesa merced quien ha hecho esto e mucho he de agradecéroslo, mas quiera yo preguntaos si he de seguir llamando Chuti al que será mi padre o bien os parece pueda ya decirle padre o papá”.
Y echóse a reír Su Ilustrísima tomándole la cara e besándole la frente e, poniendo luego su mano sobre su cabeza, le dijo estas palabras:
“¡Dios te bendiga, hijo! De contento estamos entonces entrambos, que vos tenéis lo que necesitabais e yo os tengo como os quería tener, mas, oídme con atención, que veo no soltáis la mano de Chuti casi nunca, pues teniéndolo a vuestro lado no deberíais sentiros más seguro así. Dentro de poco ha de ser vuestro padre, e (¡ya puestos!) ¿a qué impediros le digáis papá? Por ello, he de pediros que, aunque queráis tenerlo cerca, intentéis quitar esa costumbre, que ya me parecéis un hombrecito e los hombres no van de la mano”.
Y en oyendo tal manifestación, preguntéle a Su Ilustrísima si algo sabía de la adopción e me dijo estaban ya los papeles donde deberían estar y en espera de que avisase el juez por comprobar todo cuanto se decía de Chuti. E así le dije:
“He de pensar que no habláis al juez deste hombre como Chuti, sino como Pierre de la Place, que tiene su nombre cristiano”.
“Así es – contestó -, e también hele preguntado si podría cambiarse por Pedro de la Plaza e hame asegurado tratará de cambiarlo”.
“¡Papá, vuestro nombre es Pedro!”.


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