omenzó a narrar Gregorio e todos quedamos suspensos oyéndole:“No era yo mozo de andar corriendo por la plaza ni aficionado a subir los riscos teniendo los once años, sino que íbame a menudo a visitar a mi hermana e a ver a mis sobrinos a esa casa. Era mi hermana bastante mayor que yo, eminencia – se dirigió a don Juan -, pues casóse mi padre en segundas nupcias. Mas viendo éste que aquella casa era mejor para ser alquilada en verano, púsola en alquiler a mi hermana e hablóse luego de la compra. Debía mi hermana gran cantidad de dinero a mi padre, que siendo hombre de bien, nunca le dio aviso de que le pagase. Una noche, no muy tarde, estando yo allí con ellos, entraron a golpes dos hombres encapuchados e con sendas hachas en las manos e pusiéronse a romper cuanto veían, mas queriendo mi hermana e mi cuñado defender su hogar, a hachazos los mataron e así hicieron con los niños e yo pude esconderme e salir hasta la puerta e gritar porque alguien viniese a ayudarnos. En esto – hizo una pausa e respiró profundo -, salieron de la casa dándome sendos hachazos en la piernas e abandonándome tirado en la calle. Pude yo ser salvo, mas todos ellos murieron”.
Hubo un luengo silencio e oyóse a Su Ilustrísima decir «¡Jesus misericordia nos!» e santiguóse en diciendo:
“Hijo, parad ahí esa historia que he de suponer os ha atormentado la vida e os atormenta, que cosas así son dificultosas de narrar sin revivirlas”.
“Agora seguiré, eminencia – contestóle calmo -, pues necesitaría ver antes el contenido del sobre”.
Tomó un sorbo de café e sacó el documento del sobre leyéndolo con atención. Luego desto, pasó el papel a su padre porque lo leyese él, e dijo:
“Es esta, cosa que no podíamos imaginar, pues pidió mi cuñado dinero a la empresa donde trabajaba e que ya no existe. Aquí está lo debido a mi padre oculto en esa banqueta por motivos que no sabemos. Cuando asistimos al juicio principal deste caso, se nos dijo que el dueño de la empresa habíase quitado la vida”.
“Extraño, misterioso parece el caso – les dije -, que os ha tenido sin conocimiento desto hasta agora. Volveremos a pasar mucho tiempo en la casa por saber más cosas, mas si era este el mensaje que (cosa que no creo) viniese de ultratumba, seréis avisados”.
E hubo gran contento de ambos e vino también su señora a despedirnos e, volviéndome con seguridad, les dije:
“Preparad el contrato de compra, que mañana mesmo, si ello es posible, se hará la obra para unir las casas”.
En Grazalema e a veinte e nueve de noviembre del año de dos mil e seis.


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