enando estábamos cuando quiso Marcos referir a Su Ilustrísima deberíamos ausentarnos e habría que avisar a la escuela de que los niños no asistiesen el lunes por razones familiares y, éste, oyendo tal comentario, le dijo:“Cosa tal no me habéis manifestado hasta ahora, mas si ha de ser así, con Chuti me ofrezco a cuidar destos torbellinos. Mas necesitaríamos saber cómo habéis trazado vuestros planes de trabajo para trazar los nuestros, que si han de estar los niños holgando, preferiría yo estuviésemos en esta casa e no en la de Sevilla, que tienen aquí más libertad para sus juegos e sus estudios. De todo esto, yo mesmo me haría responsable”.
“Agradecidos os estamos, Ilustrísima – le dije -, que no es decisión de Marcos el partir antes ni el tiempo de ausencia, sino que hame sido comunicado esta tarde. Partiríamos, pues, al amanecer del domingo e volveríamos, si Dios lo quiere, el lunes al anochecer. Habría que darles descanso el lunes por la tarde para volver a Sevilla el mesmo día”.
“La necesidad es vuestra – dijo -, e sé no es baladí lo que pedís, que cuando os ausentáis dos días debe ser por motivos de importancia para todos, así que, ¡oídme niños!, el capitán e tío Marcos os dejarán descansar dos días e Chuti (Pedro preferiría decirle ya) e yo mesmo, os vamos a llevar en paseos. ¿Qué decís?”.
E hubo gran fiesta e gran contento en los niños por tal motivo e Marcos e yo nos miramos con extraño, e así dijo Marcos a esa respuesta festiva:
“¡Así que estos hombrecitos desean que tío Marcos y el capitán desaparezcan un tiempo e quedarse mejor con Chu… con Pedro y tío Juan! Bien me parece. Algún otro regalo más puede venir de Madrid”.
“¿A Madrid vais? – preguntó ilusionado Diego Jesús - ¿Y traeréis regalos decís?”.
“Así es, Diego Jesús – le dijo Marcos gravemente -, que vamos a una empresa. ¿Qué queréis que os traiga, que voy a Madrid?”.
“No quiero me traigas; que me lleves, sí”.
“¡Estos niños de agora! – refunfuñó Su Ilustrísima - ¿A broma tomáis algo tan serio como la ausencia de entrambos e la falta de un día a la escuela?”.
E hubo otros gritos e otras fiestas. E pedí se sirviese un buen vino e tomásemos todos unas copas porque lo que habíamos de hacer se llevase a cabo.
En Grazalema e a diez y ocho de noviembre del año de dos mil e seis.


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