uimos a Ronda esta mañana e allí encontramos una gran tienda donde había toda clase de muebles e, mostrándole las medidas tomadas, pareció ver el tendero yo sabía algo de cómo hacer planificación e de cómo distribuir muebles en una casa. Así, me dijo éste que dos hombres irían a Grazalema esa mesma tarde, verían lo anotado en el libro e nos aconsejarían el mejor mueble para cada lugar. Con esto, le aseguré que aún no estaba hecho el contrato de la compra mas estaba seguro de que se haría.Volviendo con agrado al pueblo, pensamos seguir nuestro estudio sobre la banqueta e ya luego se observarían los otros fenómenos, que aún siendo extraños no me parecían fuesen a impedir nuestra vida. Así, le dije a Cayetano estaba dispuesto a hablar aquella mesma tarde con don Pedro por adelantar la obra para unir entrambas casas como pensado tenía e, en llegando Marcos, mi abogado, se haría formal el contrato de la compra.
“Quiero esto – le dije a Cayetano – se haga lo antes posible. No penséis en dinero; pensad en rapidez. Los planos de la casa están hechos, los hombres vendrán a ver los muebles que se pondrán ¿Qué nos falta? Averiguar o eliminar esos extraños movimientos que allí se producen. Ningún miedo tengo a ellos e seguro estoy será descubierto el motivo y eliminado”.
“Con tal seguridad lo decís, capitán – respondióme -, que me siento convencido e animado a ayudaros en lo que fuere menester, que tampoco creo esos fenómenos nos impidan vivir mucho mejor”.
Y en entrando en la casa, vimos la banqueta tumbada sobre la mesa e, por hacer una prueba más, púsose en pié e no se movía.
“Pata alguna veo tenga rota – dijo Cayetano -, es hora pues de preguntarse por qué a nosotros nos llama la atención desta forma e a Marinín no”.
“Agora se hará – le dije -; ausentémonos por ver si vuelve a caerse”.
E fuímosnos un instante a los dormitorios de atrás e volvimos. La banqueta estaba caída. Así le dije avisase a Marinín e vino con él. Puso Marinín la banqueta en pie e caía.
“¿Veis alguna pata esté rota? – preguntéle a mi pequeño-, pues en pié la ponéis e se cae”.
“Parérece banqueta fuerte, papá – me dijo -, e no veo esté mal encolada ni tenga partes rotas, sino que siempre cae del mesmo lado, e si miramos en la parte baja puede verse una tela no muy fuerte que está rota. Nada más veo, sino que parece avisaros a vuesas mercedes de una forma e a mí de otra”.
E Cayetano e yo nos miramos con asombro, pues el niño hablaba de «aviso», mas no eran los avisos iguales para él que para nosotros.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario