ás de las seis ya eran, cuando apareció en casa un hombre llamado Pedro Salas e que decía era el propietario de la casa de al lado. Se le hizo pasar al salón y manifestéle mi deseo de unir su casa a la mía por estar aquella deshabitada, e quiso el hombre supiese pondría buen precio, pues ni grazalemeño ni forastero querían ocuparla e no veía el motivo, que en todas las casas muere gente. E tras invitarle a tomar un bocado, invitóme él a visitarla, mas siendo hora tan tardía era ya noche obscura. Aún así, no niégueme a visitarla e quisieron venir los demás a ver alguna cosa, mas cuando llegamos a la puerta e se abrió ésta, miraron el interior obscuro e prefirieron volverse.Entré yo con don Pedro Salas a ver algo de la casa con una buena lámpara que él mesmo portaba, e vi era casa grande e bien cuidada. Con esto, le pedí la viésemos al día siguiente a medio día e con luz natural e ofrecióse a volver.
“Casa que ni lugareño ni forastero alquila – dijo don Juan -, o tiene mala fama o tiene mal acomodo. Vos veréis lo que hacéis, que el dinero es vuestro, sobrino”.
“Pediré a don Pedro – le dije -, me permita averiguar el motivo de su mala fama por mí mesmo. Si se niega, habrá señal de extraño; si me lo permite es que nada teme”.
“E si nada teme – dijo Marcos - ¿por qué no la habita él mesmo?”.
“Fantasmas o almas en pena con muy malas intenciones deberá haber en esa casa para que yo haya temores, e aún así, ya me encargaría yo de que se mudasen a sitio más adecuado, que tampoco los quiero junto a mi casa”.
“En eso – dijo Marcos – también podéis contar conmigo, que prefiero diez fantasmas a una albóndiga sebosa”.
“E con mi ayuda contaréis – dijo Su Ilustrísima -, que las aguas benditas obran maravillas”.
“Si en la casa hace frío – dijo Marinín – no me gustaría vivir en ella, que ya sabéis, papá, lo que pienso desas corrientes heladas”.
“No hay por qué preocuparse – insistí ya con enojo -, que aquella casa tiene chimenea aún más grande que esta e se calentará todo bien, e tendremos salón e comedor separados, e buenas estancias para el servicio, e buen trastero e hasta cinco habitaciones más, e bufete bien documentado. Nadie se queje desta compra e deste trazado hasta no demostrarme hay almas en pena que no nos dejen vivir”.
En Grazalema e a veinte e cinco de noviembre del año de dos mil e seis.


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