26 noviembre, 2006

De cómo no vi extraño en la casa aledaña ni en don Pedro

las doce vino don Pedro por mostrarme la casa a la luz del día e no vi yo muchos intentos de acompañarnos en las gentes de la casa e me dijo Cayetano:

“Sepa vuesa merced que tan buena, o mejor, es esa casa que esta e bien cuidada está. Cuando en un pueblo pequeño se cae una teja, dentro de un minuto anda el pueblo diciendo se ha caído el tejado. Dícese desta casa que vais a ver que tiene fantasmas por el crimen que allí ocurrió e dos familias que la alquilaron sin miedo, la abandonaron antes de una semana, mas no dijeron el motivo e la gente murmura. Yo no he temores de tales cosas e pienso vos no deberíais tenerlos e sacar buen provecho al precio por ser lugar condenado al abandono, mas ya veréis don Pedro la tiene muy bien cuidada”.

“Tal vez vos – le dije – quisiérais acompañarme a verla, que si temor no le habéis la opinión de alguien me gustaría oír”.

“Con gusto os he de acompañar – respondió -, que aún estando encantada como muchos murmuran e siendo de noche, no creo se presenten esos encantos, señor”.

E así, fuimos Cayetano e yo a la casa con don Pedro, abrió éste la puerta e vimos una grande sala e de mucha luz. Fuése don Pedro a un rincón e colocó un a modo de asiento que se había caído junto a la chimenea, e vimos luego toda la casa, que estaba enjalbegada e muy limpia e muy soleada.

“Casi puedo deciros, don Pedro – le dije -, que si me ponéis un buen precio, podríais cerrar el trato con mi abogado esta mesma mañana, mas diciéndose lo que se dice por este pueblo e sabiendo que alguna cosa extraña ha ocurrido aquí desde que quedóse abandonada, os pediría un pequeño favor”.

“¿Por qué razón no os iba a conceder lo que pidieseis? – dijo don Pedro -. Por perdidas daba ya las esperanzas de que alguien quisiera habitarla, que es muy buena casa”.

“Eso me extraña – puntualicé -, que siendo tan buena casa, no la ocupéis vos mesmo”.

“Mirad – me mostró unos muebles –, casi amueblada está; todo nuevo, e siempre lo mantengo limpio. No le huyo, sino que a mi hijo le faltan las piernas e subir a estas alturas le es imposible. Por ello, he de vivir en la mesma plaza. No quisiera nada más que obtener algún dinero desta por mejorar la que poseo abajo”.

“El favor entonces no creo os cause fatiga – precisé -, que no deseo sino pasar dos o tres días con sus noches en ella por comprobar eso que se dice”.

“Aquí tenéis, capitán – alzó la mano -, estas son las llaves de la casa; quedáoslas cuanto tiempo os sea menester e si es de vuestro gusto, cerraremos el contrato”.

“Mas fuerza tiene el bulo de un pueblo que una yunta de bueyes”.

En Grazalema e a veinte e seis de noviembre del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario