27 noviembre, 2006

De cómo empezó la mudanza e de la bendición de la nueva casa

olvimos a la casa al almuerzo como si nada hubiese ocurrido en la casa de al lado e, tomando a Su Ilustrísima aparte, le dije fuese allá por bendecirla e poner alguna imagen sagrada, que veíase la casa falta de vida.

Así hubo un almuerzo normal, aunque Marinín intentó varias veces averiguar si alguna cosa sucedía, mas le dije que estábamos quitando los muebles que no iban a ser menester. E tras un corto descanso, volvimos a la casa a poner la banqueta en pie e a recoger los restos de los muebles.

No pasó mucho tiempo hasta que viniese Antonio con un carro tirado por una mula, y en él pusimos los restos de los muebles de la cocina e subimos a su huerto e se les prendió fuego. E siendo ya la hora del crepúsculo, nos dijo él vigilaría las llamas e bajamos otra vez a la casa:

“¿No hay forma de que hasta aquí llegue la luz en la noche? – le dije a Cayetano - ¡No vamos a llenar toda la casa de velas!”.

“No, señor – me dijo como cómplice -, que aunque la ley lo prohíbe, sé yo cómo tomar luz de nuestra casa e dársela a esta”.

Así, pusimos de nuevo la banqueta en pie e nos fuimos a buscar un largo cordón. Puso un extremo déste en una caja de la pared e sacamos el resto por la ventana muy pegado al muro porque no se viese. Luego, ató este cordón a la otra casa e hicimos unas pruebas: en casi todas las estancias habían lámparas e luz.

Llegó con ceremonia Su Ilustrísima, que un maletín traía con la Santa Cruz, la figura de San Francisco, muchas velas e sahumerios, e poniéndose luego en el centro de la sala hizo unas oraciones en latín y esparció por toda la casa agua bendita con extraño e moderno hisopo:

“Nada de extraño veo en esta casa – dijo – sino que sin luz parecía otra cosa en la noche, pues de día está muy bien iluminada. Sentárame agora una pieza por descansar e volveremos, si quisiéredes, a tomar algún bocado a la casa. Esta banqueta usaría, que parece cómoda, mas veo la tenéis por alguna razón tumbada en el suelo”.

“No os importe, Ilustrísima – le dije -, pues si quisiéredes usarla, yo os la pondría en pie, mas aquí tenéis otra más cómoda e Cayetano o yo nos sentaremos en esa”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario