Año de dos mil e cincuenta e seis. Siendo que lo fuera que mi compañero Marino ya hubiese perdido su «eterna juventud» al usar el sello, con los mesmos bastones nos apoyaríamos dentro de cincuenta años, si el Señor nos mantiene juntos. Me pregunto entonces: ¿moriré en sus jóvenes manos cuando haya pasado tanto tiempo o envejeceremos desde agora ambos juntos? ¿Y nuestro pequeño Marino? ¿Tendrá ya sus cincuenta e siete años? Debe Dios poner de su mano e hacernos saber desto cuanto antes, que más dificultosa será la vida venidera sin saber lo que ha de acontecer.
09 septiembre, 2006
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