30 septiembre, 2006

Del yantar e la salud

rujo Dolores por sorpresa una bolsa con algo dentro, e hablando con María, supe era lomo en manteca, e así dijo María serviría unas piezas para ser catadas. Enterándose desto Su Ilustrísima, espetó:

“No quisiera repetirlo más, pero el corazón me empuja, que en esta casa me lleváis a la gula e tendré que considerarla diabólica o tentadora. No hay lomo en manteca como este que una vez pude catar en este pueblo, e siendo de la casa de doña Dolores, dolores creo tendré en la tripa tras el almuerzo. Tráigase con presteza que ha de ser bendecido”.

E sabiendo Marcos las aficiones al buen yantar de don Juan, le dijo:

“Un tanto obeso se os ve, aunque no enfermizo. Tomaría yo toda esta pringue con mesura aunque antes la bendigáis”.

“Sin duda – respondióle don Juan -; un tanto obeso me veo mas no me fatigo e han mejorado mucho mis dolamas con los remedios del capitán. ¿Acaso unos cuantos tacos de lomo deste me harán engrosar o volverán aquellos dolores que en las piernas tenía?”.

“Ninguna de las dos cosas, Ilustrísima – le dije –, que vuestras dolamas no eran del mucho yantar, sino de los muchos años. Mas procuraría yo andar todos los días dando paseos por Ronda, que es bella de ver, la gente os quiere, el aire es fresco e reduciréis esa barriga”.

Reían los niños al ver la panza de Su Ilustrísima e cómo tragaba, e con esto dijo Marino:

“Sabed, tío Juan, que dícese en mi tierra que «muera Marta, muera harta» y el ser obispo ni os librará de la muerte ni os prohíbe el yantar”.

E dijo Fermín que ese refrán también se dice por aquí, mas lo de «harta» suena a «jarta» e que le gustaría tío Juan viviese más años aunque menos comiese. E a esto volvió a intervenir Su Ilustrísima:

“¡Niño, niño! Que no sé si preferiría vivir más años si hubiera de hacerlo con ayunos”.

En Grazalema e a treinta de septiembre del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario