12 septiembre, 2006

Del trazado para educar a Fermín en Sevilla

o era importante volver para Sevilla hasta el viernes, mas amaneció el día nublado, llovía un poco y se notaba el fresco de la sierra. Con esto, hablé con Chuti por el móvil e me dijo el tiempo en Sevilla también estaba cambiando, que las temperaturas altas parecían haberse ido.

Propuse a Marcos preparar todo para volver, di las órdenes a Cayetano para el mantener de la casa durante las obras e avisé a don Diego de nuestra partida. Veníase el inspector con nosotros por tener que volver a León el mesmo miércoles e no hubo detalle que quedase sin atar; menos uno.

Marinín no quería volver aún por estar con Fermín y este pequeño hubiese dejado todo por venir a Sevilla. Así, abusando un poco de su amabilidad, manifesté a don Diego la posibilidad de que el otro pequeño pudiese estudiar allí. Dificultoso veía él fuesen a aquella mesma escuela, mas me prometió buscar otra, de calidad, donde le diesen la educación que yo quería darle bajo mi responsabilidad e con gastos a mi cuenta.

Antes de llegar la tarde, que sería la hora de partir, subí con Fermín hasta su casa e narré a su madre lo sucedido e preguntéle si ella me daba licencia para educar a su hijo en Sevilla, junto a su amiguito Marinín. Tomó la mujer al niño entre sus brazos y le preguntó qué quería hacer e, viendo la señora que el niño deseaba irse a Sevilla, así me dijo:

“En algunas cosas, este niño es raro, mas sé que sabréis cómo tratarlo. Si en alguna ocasión le veis mucha tristeza e os dice necesita ver a su madre, he de confesaros que no quitaréis tal pesar si no es trayéndolo”.

“De aquesto que decís – le dije – no habéis de tener cuidado ni él ni vos, que estando la nuestra casa grazalemeña preparada, vendremos los sábados e domingos al pueblo e podréis estar juntos cuanto necesitéis”.

“Lo que hacéis, capitán – dijo doña Dolores -, nadie lo hace, que si he de confesaros lo echaría de menos, no es igual la escuela en Sevilla que la de aquí”.

“No es sólo aqueso – le aclaré -, sino que la educación sería especial, que el niño lo es e la merece. Dejad todo de mi cargo e no preocupaos, que aunque ya es difícil encontrarle escuela se va a buscar e, los viernes por la tarde, vendremos al pueblo. No lo vais a tener tan lejos”.

“Mamá, no me hagáis ir a esta escuela de aquí, que los niños son tontos”.

En Grazalema y a doce de septiembre del año de dos mil e seis.

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