iguiendo la galería de la entrada, dejamos a la derecha el paso al gabinete e a la izquierda el patio e fuimos luego al dormitorio de los niños, que casi al final de la galería queda.“Esta estancia bien conocéis – les dije – que es la vuestra agora e una de las más grandes de la casa. Se puso en ella cuarto para el baño, mas no quise poner vestidor, sino dejarla de forma que puedan caber en ella hasta cuatro camas e cuatro armarios e la pequeña salita que hay a la entrada… Sí, esa donde hacéis vuestras tareas e vuestros juegos. Al frente, en esa pequeña puerta que se abre a una sala extraña, veremos lo que se llama trastero, que es habitación pequeña e deforme e abovedada por quedar justo bajo las escaleras. Es el lugar más seguro de la casa en sismos e guerras, pues no se hunde su techo”.
Abrí la puerta e asomaron sus cabezas por ver lo que allí había; muchos utensilios en desuso mas en perfecto estado.
“Esta preciosa caja que aquí conserváis – dijo Marinín - ¿qué cosa contiene?, que sólo de verla por fuera se ve hay alguna presea en su interior”.
E acercándome a ella, tomé la llave que encima se hallaba e abrí las puertas; y el asombro de los niños fue tal, que se acercaron e pegaron allí sus narices, pues en su interior se hallaban soldados de plomo con los uniformes de todas las épocas, conquistadores, reyes a caballo e mucho más.
“Jo, papá – exclamó Marinín entonces - ¿e tenéis esto aquí escondido o guardado porque os es de estorbo? Pues en nuestra estancia pondría tal presea para verla cada noche”.
“Órdenes daré de que se limpie e se ordene e se os ponga en vuestra salita, que ni está aquí escondido ni guardado por no tener valor ni me es de estorbo”.
“¡Vaya – dijo Fermín –, que cosa como esta no sabía existiera!”.
“Sigamos el recorrido – les dije – que otro día veremos más cosas de las aquí guardadas”.
Tomando entonces la galería frontera, que hasta el antecocina llega, pasamos la escalera de mármol blanco que sube al principal e luego llegamos a la puerta de la estancia de Marcos e mía.
“Esta estancia – les dije – alguna vez la habréis visto. Es la segunda más grande de la planta baja de la casa. Así como tiene su baño, tiene su vestidor e su bufete. Pasad e la observáis; e como la visita será larga e otras tareas hemos de hacer, haremos descanso hasta mañana antes de irnos al pueblo”.
Y estallaron en fiestas e les dije que aún cosas más bonitas habrían de ver.
En Sevilla e a veinte e ocho de septiembre del año de dos mil e seis.


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