uiso preferido de Marcos, Marinín e mío, teníamos hoy como plato principal un delicioso potaje de lentejas. No es que Su Ilustrísima no guste dellas, sino que prefiere menos cuchara y más tenedor. Mas comenzando el almuerzo ya vi yo Fermín ni siquiera las probaba e miraba a un lado e a otro con timidez. E así le pregunté:“Lleva el potaje de lentejas mucha chacina, que es lo en vuestra casa se fabrica ¿acaso no os gustan las comidas con chacinas? Mirad que este plato guisado por María es delicioso como pocos otros”.
“No es esto, capitán – dijo -. Es la color”.
“¿La color del guiso, decís? – preguntéle con asombro – ¿Acaso la color influye en el sabor del plato?”.
E un tanto a media voz, me dijo:
“Hace ya tiempo que mamá no las pone, porque estas pequeñas bolitas con ese color…”.
“Veamos – le dije - ¿Veis a Diego Jesús que las come gustoso e a Marinín que las prefiere a otras cosas? Tengo un truco para que disfrutéis de algo que es riquísimo de yantar. Llenad un poco la cuchara, cerrad los ojos, e las probáis. Si no os gustan, licencia os doy de escupirlas al plato”.
“¡Capitán – dijo Diego Jesús – tal cosa no debe hacerse!”.
“Así como decís me parece a mí, pero quiero note Fermín el sabor del guiso, no su color. Olvidad el color; pensad son de un precioso verde o un brillante rojo. ¿Me haréis tal favor?”.
“Sí, capitán – dijo Fermín -, os lo haré tal como decís. Preferiría pensar de rojo brillante son”.
E tomando media cuchara de las lentejas, púsose la mano izquierda sobre los ojos e le vi pensar. Poco después, cató las lentejas «rojas» que él imaginaba e, hasta que no acabó de saborearlas e tragarlas, no quitó la mano de sus ojos.
“Perdonadme, capitán – dijo entonces –, vos teníais la razón, que el sabor y la color nada se parecen. ¿No podrían hacerse con una color distinta?”.
“Esa es su color. Cosas de colores maravillosos hay que yo no os aconsejaría cataseis”.
“He de comerlas de primero sin mirarlas mucho – dijo -; no creo eso os importe”.
“Lo que importa, pequeño – razonéle -, es que disfrutéis de tan rico sabor, que hasta en la Biblia se habla dellas como algo importante. Mirad siempre lo bueno de las cosas e no las juzguéis sólo por su color”.
En Grazalema e a once de septiembre del año de dos mil e seis.


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