orto fue el viaje, cada vez más placentero e cada vez más me acomodaba a estas velocidades e las curvas del camino.En llegando a la casa, salió el servicio para bajar el equipaje, e con ellos apareció don Juan. Corrieron los niños a saludarle e todos le hicieron grande fiesta e regocijo, mas Fermín le llamaba aún Eminencia. Así, tomándolo luego aparte, le dije:
“A vuestra madre Dolores habréis de ir a ver agora mesmo, que ayer fue el día de la Virgen de los Dolores, aunque ella lo celebre el Viernes de Dolores. Dadle este regalo (entréguele un paquetito) e luego volveremos con todos a la casa si así lo queréis. Mas bien me gustaría acortarais la distancia con el obispo, que es como de la familia e así sois vos. Llamadle tío Juan que mi licencia tenéis e le hará ilusión”.
“Lo que decís he de hacer – respondió -, mas ¿no podéis decirme qué regalo le traéis a mi madre?”.
“No – le dije -. No le traigo yo el regalo, sino que vos mesmo se lo daréis como vuestro. No quiero más preguntas. Sólo os digo que lo que viene en esa cajita es un escudo de la escuela donde vais a estudiar. Decidle lo ponga sobre la chimenea, si así le apetece. Quiero recuerde todos los días dónde estáis”.
“Capitán – me dijo cabizbajo -, yo no os puedo pagar esto”.
“¿Os he pedido yo pago alguno?”.
En Grazalema y a diez y seis de septiembre del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario