08 septiembre, 2006

Del descubrimiento del remedio contra el secreto (3/3)

ontinué aquella historia e dije al inspector, que de no creer en vidas de quinientos años o en fantasmas, dejásemos el entuerto como estaba. Con esto, me contestó seguro:

“Puedo aseguraros, e pruebas dello tengo, que las palabras de un fantasma descubrieron, no hace mucho en León, un crimen. No me asusta oír hablar de tales cosas e no soy de los que se niegan a creer en que existen. Seguid la narración”.

“Haría yo agora – les dije a todos – una historia completa, aunque inventada, de lo que pudiera haber ocurrido”.

“No veo sea pecado – dijo don Juan – inventar una historia, si ésta no nos lleva a lugares remotos e prohibidos”.

“Tal cosa no es – aclaré -; sino que pensando en todo esto he formado una narración. Decidme si os parece verdadera”.

“A fe, capitán – dijo don Diego –, que si no hubiese visto con mis propios ojos los brillos de algo que volaba entre los árboles en la carretera que a El Burgo va, no creería en estas cosas”.

“Digamos entonces – expliqué –, aunque raro parezca, que la caída del sello coincide exactamente con la muerte de mi hermano. Supongamos que mi hermano ya sabía algo sobre esa «eterna juventud» de la que hablamos con mi tío Álvar e que alguien quería apoderarse de sus bienes e descubrir el tal secreto. Estas personas, lo hirieron de muerte e lo arrojaron por el Tajo, mas él tomó la precaución de apartar el sello de oro de su dedo. ¿Por qué?”.

“Porque el sello no fuese a la tumba – aseguró el inspector -. Sabía él que el secreto iba consigo a su sepulcro, mas dejó el sello fuera para algo. Decidme, capitán, ¿qué habéis hecho con el sello de oro del que habláis?”.

“En mi mano lo llevo – le dije – no ha mucho tiempo, que llevaba antes uno de Su Majestad don Carlos V”.

“Y… ¿desde entonces vuestras heridas tardan en sanar e dan dolores? Aplazaré mi vuelo de vuelta a León. Quitad ese sello de oro de vuestro dedo; ¡quiero ver esas heridas curadas antes de irme!”.

En Grazalema y a ocho de septiembre del año de dos mil e seis.

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