09 septiembre, 2006

Del almuerzo de las codornices

arecía iba a ser el almuerzo una sorpresa, pero algo había guardado e yo lo sabía. También creí Su Eminencia sabía el plato, según me pareció, e cuando fue servido, el olor lo decía todo; eran codornices en una exquisita salsa campera.

Bendecidos los alimentos, cosa que no parecía haber forma de evitar (confieso que un día almorzaré sin hacerlo), le dije al inspector que plato como el que iba a catar no había ni en León ni en El Bierzo.

Servidas un par de piezas a cada comensal, no esperó don Juan a meter su mano y empezar a arrancar alas, así, le dije al inspector debería come aquellos deliciosos pájaros con los dedos, que ya habría tiempo de lavar éstos luego. El sabor de las especias, la cebolla, el ajo, el vino blanco e todos aquellos aderezos, hacían un sabor irrepetible, e comenzamos a dar buen cumplimiento del plato.

Diego Jesús abría sus ojos al comerlos e andaba poniéndose la camisa llena de la salsa e Marinín los comía con entusiasmo, mas no tanto. E observando yo esto e sabiendo su amor (un tanto curioso) por los pájaros, dije al inspector:

“Pues dad buen cumplimiento a este plato, que el venidero es lo aquí llamamos «pringá» y es plato de comerse también mojando pan en él con los dedos. Mi licencia tenéis para chuparlos en acabando con ella”.

“Suéname eso de «pringá» a pringada, así me parece ha de ser como plato de aceites de la tierra mojados en pan”.

“Cuando lo catéis – le dije -, me hacéis comentario”.

Seguía yo viendo a Marinín comer un tanto desganado, e le dije tomándole un pellizco en la mejilla:

“Primero vuelan, pero porque son criados por los hombres para ello; luego hay que matarlos, que no es de razón comerse un pájaro vivo; luego los veis como los visteis, que dijisteis eran cadáveres de aves; ahora, ya guisados por la inteligencia de María, el plato ya se ha vuelto en algo exquisito, mas si ello os disgusta, mi permiso tenéis para no comerlos”.

E a estas mis palabras, contestó al punto:

“No, no, no, papá, que si no pienso son pájaros, es carne deliciosa de comer como ninguna otra”.

En Grazalema y a nueve de septiembre del año de dos mil e seis.

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