ubo gran revuelo al saber que María había preparado Xoclatle para el desayuno del domingo e se trajeron desos churros pequeños, en anillas, que vienen ensartados en una tira de junco verde.“Sabed, capitán – dijo don Juan –, que no pensaba yo una bebida tan obscura e tan espesa iba a ser tanto de mi gusto que dos tazas he de tomar con vuestra licencia”.
“Bien lo podíais haber dicho antes – le dije – que podría haber enseñado a Cristina para que os lo preparara. Mas vienen otros días libres e nos iremos a Ronda a incomodaros un poco (como antes) e le mostraré cómo debe hacéroslo gustoso”.
“¡Sí, tío Juan! – dijo Marino con sus bigotes ya en la cara –; mirad que Catalina lo prepara igual que el mesmo capitán y está delicioso de tomar, aunque no nos deja bebamos más de una taza”.
“Eso me temo, pequeñín – le argumentó Su Ilustrísima –, que de saber Cristina esta fórmula voy a beber más de una y bastante a menudo. Decidme, capitán; la bebida es exquisita de tomar mas me gustaría saber si tiene algún otro efecto así como el café quita el sueño”.
E riéndome con la boca llena de churros, le dije:
“No creo que a vuestra edad esta bebida os haga tanto mal, que en no abusando della, se mantiene el hígado sano. Ya sabéis era llamada «la bebida de los dioses». Tomadla con mesura, que todo en abuso es dañino. Médico sabéis no soy, pero tampoco tonto; esta bebida produce felicidad e además os ayudará a adelgazar, si lo necesitáis; olvidaos deso que se habla del «colesterol»; alarga la vida (e no me miréis así) e ayuda al corazón. Mas abusar dél no es bueno, que tiene sustancias tóxicas; puede produciros granos en la piel. Os aconsejo pues una taza diaria como mucho”.
“Nunca aprende uno de todo – contestó –, que no soy alcohólico y vino bebo a diario en forma de la sangre de Nuestro Señor Jesucristo”.
“Tampoco os veo grueso por comer el Pan Sagrado, sino otros manjares”.
En Grazalema y a diez e siete de septiembre del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario