04 septiembre, 2006

De los zapatos sin cordones atados

parecieron los pequeños a toda priesa bajando las escaleras e les advertí bajasen de espacio. Acercóse primero a mí Marinín e, poniendo su pié sobre mi pierna, me dijo:

“Papá. Atadme los cordones, que no quiero caer”.

E viendo esto y que el otro venía de la mesma guisa, les dije:

“Os he comprado calzados con esas cintas que se pegan solas y os empeñáis en poneros estos. Me parece, Marinín, va siendo hora de que aprendáis a atar estos cordones, que difícil no es”.

“Pues a Diego Jesús – dijo – habréis de atarlos también, que tampoco sabe e los vamos pisando”.

“Os romperéis la boca – espetó don Diego – e seguiréis usando estos calzados. A ver, Diego Jesús, acercaos que os los ate e prestad atención a cómo se hace. Vos, capitán – me dijo –, lo mesmo deberíais hacer con vuestro crío, pues ya que no usan los zapatos de las cintas, deben saber cómo atarse los cordones destos”.

E pensando yo un poco en cómo los habría aseado Marcos, les pregunté:

“Alguien os ha metido en el baño, os ha aseado y os ha vestido ¿por qué no ha atado estos cordones antes de que bajéis las escaleras?”.

Hubo una pieza de silencio e de miradas e dijo al fin Marinín:

“Habréis de excusarnos, papá, que hase empeñado Marcos en ponernos los otros e, terminado el aseo, los hemos cambiado”.

“No entiendo por qué hacéis tales cosas – les dije –. Basta con decirle a Marcos que os ate estos bien”.

“Son estos – dijo Diego Jesús – más cómodos e fáciles de quitar para el baño, mas tío Marcos se empeña en que usemos los otros. Es más cómodo no tener que atar cuatro zapatos”.

“Cierto es lo que decís – contestéle – mas también es cierto que es más fácil llevar unos zapatos cómodos e que otros los aten. Sea pues la última vez que esto ocurra. Cuando baje tío Marcos aprenderéis a atarlos por vosotros mesmos si tan cómodos os parecen”.

En Grazalema y a cuatro de septiembre del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario