04 septiembre, 2006

De los dolores que aparecieron en mi cuerpo en la noche

asando la noche, dormí algunas horas, mas desperté con dolores por todo el cuerpo. No quise moverme por no despertar a Marcos, pero se hacían éstos tan intensos, que encendí la luz de mi mesa e me incorporé entre sudores. Despertó Marcos al punto e quedóse mirándome con extraño: “¿Os pasa algo, soñáis?”.

E no quería decirle el motivo de mi vigilia, mas de alguna forma habría de paliar tan molesta situación:

“No entiendo lo que pasa, Marcos. Excusad haya hecho trampas con las pastas que me dais, pues en toda mi vida he sentido tales dolores ni éstos han durado más de dos días. Mirad mis heridas por ver si han sanado e dadme un remedio desos que pueda dormir”.

“He prometido al médico del hospital – dijo con enfado -, e a vos mesmo, daros los remedios y a sus horas e no los habéis tomado ¿os quejáis entonces?”.

“Nunca herida alguna - le dije -, por muy profunda que fuese, hame producido estos dolores. Dadme el remedio, que he de seguir durmiendo”.

“Tal vez os hayan puesto algo que así os tiene – pensó -. Aunque vuestros remedios e vuestra vida haya sido de otra forma, hacedme el favor de tomar lo que os ha dicho el médico necesitáis. ¡Vive Dios!, que no he visto hombre más terco ni acaso en La Mancha”.

“Perdonad – le dije – el haber pensado estas heridas eran iguales y el haber dejado aparte los remedios que me dabais; mas creo los necesito, que no son estas heridas para mí, a lo que veo, como han sido siempre”.

Levantóse muy quedo e fue a buscar aquellas pastas pequeñas que habría de tragar e, mirando las heridas de mi cuerpo, mucho me extrañó no hubiesen curado ya; alguna cosa desconocida habían puesto en mi cuerpo.

Volvió con sigilo e, dándome el vaso de agua, me hizo tragar hasta dos de aquellas pastas. Más de una media hora después, fui sintiendo mejoría y, en todo ese tiempo, estuvo Marcos con su luz encendida esperando el efecto. Así, al sentirme mejor, le dije que apagase la luz para dormir e, abrazándome con sumo cuidado, me dijo:

“Haced lo que yo os diga agora hasta que pasen estos males. Pronto estaréis sano”.

En Grazalema y a cuatro de septiembre del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario