n llegada la hora del baño, mirábamos todos a las aguas; como contando el tiempo. E siendo día caluroso, dije en voz alta podíamos remojarnos. Así, bajo la mirada atónita de don Juan, quitamos todas nuestras ropas, corrimos por la hierba e saltamos a la piscina.Siguió don Juan en sus lecturas.
“Capitán – me dijo Fermín acercándose a mí en las aguas – con el frío entran las ganas de hacer pis e de aquí al cuarto del baño bien me parece lo haré encima”.
“Aguantad cuanto podáis – le dije – que haceros pis encima no me parece pecado ni algo insano, pues se limpia e ya está, mas no hacedlo dentro del agua”.
“Así lo haré – contestó – mas os aseguro que sería mejor hacerlo junto a la verja e no llenar el piso de la casa”.
Echéme a reír, lo tomé por su pecho e lo saqué de las aguas en diciéndole:
“Hacedlo donde podáis si no aguantáis, mas no hacedlo en las aguas. Aquella verja os coge más cerca”.
Observé desde lejos la mirada de don Juan, que parecía no dar crédito a lo que veía, pues no podía Fermín aguantar sus ganas e, gritándole desde el agua, le dije:
“El agua de la lluvia se lo llevará mañana. Si cosa así os disgusta, seguid mirando vuestro libro, que no me parece pecado lo que hace el pequeño”.
Y un tanto azorado e otro poco disgustado, siguió leyendo:
“A fe, que si no fuese porque familia (o lo que sea) como esta no he visto más unida, más cristiana e de más obediencia, pocas veces iba yo a venir a esta casa de visita”.
En Grazalema e a diez e siete de septiembre del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario