30 septiembre, 2006

De la tarde agitada del sábado agitado

or terminar aquella tarde entre los mayores, dije a los niños al terminar el almuerzo deberían hacer sus labores en una hora e tendrían la tarde libre para sus juegos. Con mi licencia, levantáronse todos de la mesa e subieron al dormitorio, que ya tenía yo pensado prepararles una estancia aparte para sus juguetes e sus máquinas.

E restamos los mayores ya sin los pequeños (dícese aquí «viejos» e «nuevos») e hubimos una larga plática. Luego desto e de tomar café, propuse a Marcos hacer una visita a la iglesia de San José por mostrarle algunas curiosidades, y en oyendo don Juan algo sobre «ir a la iglesia», dijo:

“No quisiera yo poner el oído donde no debo, mas paréceme haber escuchado algo sobre una visita a una iglesia”.

“Así es, Ilustrísima – le dijo Marcos – e, si ello os complace, podéis acompañarnos; mas habréis de saber que subimos hasta la iglesia de arriba, la de San José, e mucho hay que halar del cuerpo para llegar”.

“El esfuerzo haré – contestó – que ya he subido algunas veces por decir la misa de tarde allí arriba, aunque hoy, con un poco de exceso en el yantar, quizá me sea más dificultoso”.

Así, salimos juntos el tercio cuesta arriba e muy de espacio porque don Juan no se fatigara, mas llegando a una calle que se inclina tanto que las bestias no suben, vimos quedaba atrás agarrado a un cierro. Seguimos un poco más e paramos por esperarle.

“Seguid, seguid, hijos – dijo entre ahogos –, que ya yo os daré alcance”.

E volviéndonos hacia arriba dimos algunos pasos más, pero pasó entonces una mujer madura y enlutada hacia abajo e nos dio el saludo (cosa que en la ciudad huelga) y llegando luego a donde estaba don Juan, le dijo al pasar:

“¡Ay, padre!, que se notan los años e los kilos de más e «p’abajo las piedras ruean pero p’arriba, ¿quién las menéa»?”.

Echóse a reír don Juan con la gracia de aquella mujer, mas Marcos no entendió lo dicho e así le manifesté al ver su cara de asombro:

“Dejemos pasar unas semanas e aprenderéis cómo se habla aquí e lo que significan ciertas cosas”.

“Así será – espetó – mas hame parecido hablaba en árabe”.

En Grazalema e a treinta de septiembre del año de dos mil e seis.

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