02 septiembre, 2006

De la partida inesperada a Grazalema

brí los ojos pensando en quitarnos el calor de Sevilla en estos días yéndonos a Grazalema algunos dellos; e así se lo dije a Marcos, así se preparó para avisar al médico del hospital de nuestros planes, que las curas se harían en el pueblo y así evitaríamos la temperatura tan alta de la ciudad. Dióle el médico su conformidad e hízole responsable de que se me curase cada dos días.

Tras el aseo, púseme a guardar algunas cosas en las maletas e cantaba algunos himnos en inglés. En esto, entró Marinín pidiendo licencia antes para hacerlo e, viéndome guardar ropa e cantar, me dijo:

“De viaje parece os vais, papá, y en inglés os oigo cantar algunos salmos ¿Creéis que cantándolos así alguien sabrá lo que decís?”.

E volviéndome hacia él, le di los buenos días, e le dije:

“No sé por qué nadie debe enterarse de lo que mis cantos significan; Dios se entera dellos, que de español o de inglés o de chino sabe más que vos e yo mesmo”.

“A fe, que la razón no os la quito, mas… decidme: ¿dónde vais?”.

“Donde vamos, diría yo, que he hablado con Marcos para disfrutar estos últimos días de holganza en Grazalema ¿Os gusta tal idea?”.

“¡Jo, papá! – dijo acercándose a mí sin atreverse a tocarme –. Ya sabéis que espero ya con ansias comenzar mis estudios en esa escuela, mas si aprovechásemos estos días para solaz e para evitar «la caló» de Sevilla… Mas… - quedó dudoso - ¿no haréis esto por evitar contar el resto de la historia que nos debéis a todos?”.

E acercándome a él e tomándole por los hombros, le dije:

“Varias cosas vamos a solucionar con este viaje, pues aprovecharéis el tiempo libre que os queda, evitaremos «la caló» de Sevilla e conoceremos todos qué cosas han sucedido. E ¿sabéis una cosa más? Mi teléfono se quedará aquí, encima de la mesilla de mi despacho; desta forma, si alguien me busca por él, será engañado”.

“Veo seguís siendo el Capitán Alacaída; mi papá de siempre”.

“Aprestaos – le dije –, que pronto será el viaje e pronto estaréis sumergido en las aguas que os esperan. Dadme un beso”.

En Sevilla y a dos de septiembre del año de dos mil e seis.

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