09 septiembre, 2006

De la muerte inesperada de una madrastra

onaron las músicas del móvil de Marcos e ya temía yo que habiendo novedades no fuesen buenas. Se le comunicaba desde Cáceres, que Nicolasa había aparecido muerta esta mañana, que colgando unos cintos de las barras de las rejas, habíase quitado la vida ahorcándose. Quedamos entrambos mudos con tal aviso e quise yo pedir consejo a Su Ilustrísima de qué cosa deberíamos facer, e así me dijo:

“Bien decís que ha muerto su madrastra e no su madre, que otra mujer hubo de parirlo e della nada sabemos. Viendo entonces el trato de daño a este niño, no me parece muy adecuado ir allí a priesa por asistir a su despedida, mas es una persona muerta que todos hemos conoscido, e como persona, creo se merece nuestros respetos a pesar de los pesares. Iría yo a Plasencia cuando fuérase el inspector; id Marcos e vos e haced el cumplimiento. La palabra mesma lo dice: cumplo y miento. No creo sentáis mucho pesar por su fallecimiento, mas es de razón aparecer e hacerse ver, que al final, tampoco sois vos su padre verdadero. Llevad una carta mía manuscrita con mi pésame. Mas… ya allí, investigaría yo algunas cosas por saber quién era su padre e quién su madre, que estos detalles no están en los papeles que se recibieron. Alguna se nos ocultó o no se sabía. Sería esta criatura maravillosa agora huérfano si no os hubiese como padre e, tal lo pienso os lo digo, no creo haya podido encontrar este ángel a nadie tan apropiado como padre, aunque madre… Bueno, acepto esa mirada de reproche, aunque no esté de acuerdo, ¡que ya ni yo mesmo sé si lo estoy!”.

“Preparad presto esa carta con vuestras condolencias – dije a don Juan - e volveremos Marcos e yo a Plasencia, donde será enterrada, por asistir a la misa que se celebrará algunos días después. El pueblo murmura; se sabe se ha quitado la vida. Tal vez sea un momento importante para pasar por capitán e abogado e averiguar todo sobre sus padres. Restará él con vos (y con Diego Jesús si así lo cree conveniente don Diego); podrán quedarse aquí por hacer aún mucho calor e haber piscina en el jardín; mas eso lo decidís vos, que no sé si habéis menesteres en Ronda”.

“Haberlos haylos, querido capitán – respondió –, que bien pudieran esperar algunos días. Más me preocupan las clases de los pequeños, que son estas escuelas muy severas e deben cumplir sus normas desde el primer minuto”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario