14 septiembre, 2006

De la llamada de don Julio e la visita al nuevo niño (1/3)

n la siesta estaba cuando sonaron las melodías de mi móvil. Dióse Marcos la vuelta e preguntó quién hacía la llamada. Sobre mí estaba e miró mis ojos casi cerrados, e viendo mi intención de hablar, me hizo gesto de que era llamada importante. Respitando hondo me preparé para responder.

“¿Capitán Marino? – dijo aquella voz - ¿Sois vos?”.

“¿E quién otro podría ser? – respondí -. Decidme vos quien sois e así hablaremos lo debido”.

“Don Julio soy – contestó con amabilidad – e buenas noticias os tengo, que el examen de Fermín Penacho no se puede mejorar e los padres de Francisco Ibarra le esperan como agua en primavera, pues mal está el chico”.

Y en oyendo esto, separé las dos cuestiones e le dije:

“Imagino queréis decir que Fermín puede acceder a los estudios en la escuela, mas no sé si queréis decir que los padres de ese pequeño, Francisco (Fran, me dijo) quieren vaya a visitarlo”.

“Vuesa merced lo ha dicho – respondió -, que el asunto de los estudios de Fermín está resuelto, mas el otro habréis de ver vos mesmo, en el domicilio que os daré, por saber si solución tiene, que cuando los médicos dicen que no, dificultoso es entrar en discusión”.

“Dejad la discusión con los médicos – le dije – para mí. Agradecido os quedo por la llamada; tanto por un asunto como por el otro, que en el momento en que me digáis dónde está ese niño he de ir a verlo. No hay tiempo que perder”.

E así, me hizo tomar nota (que fue Marcos quien escribió lo que yo decía en voz alta).

“Quedaos aquí con los pequeños e cuidad dellos – le dije a Marcos – que yo he de tomar un ¡taxi! e ir a esta calle Isaac Peral, que dice está por la Avenida de la Palmera”.

Y de un salto púseme en pié e vestí mis ropas modernas, que no era de razón aparecer en una casa extraña vestido de forma carnavalesca.

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