ensaba yo que la llamada que esperaba el inspector con los detalles de los teléfonos sería uno o dos días después, mas, poco antes del almuerzo sonaron sus chirimías del móvil del inspector (más estridentes aún si cabe que las de Marcos), e hizo un gesto pidiendo papel e pluma por apuntar algunas cosas.Escribió algunos códigos que no eran de entender con facilidad (aunque fue Marinín a descifrarlos e tuve que pedirle callase). Entre todo aquello anotado con letra torpe, me pareció leer un nombre, pero dejé hablase él lo que viese conveniente. E así nos dijo:
“Localizar este teléfono ha sido fácil. Al punto sabían estaba en Grazalema de la Sierra, e hasta me han dado detalles de la zona de la villa. Mas no es eso lo más interesante, sino que los números de entrambos teléfonos están a nombre de una mesma persona y esa persona aparece en las agendas de ambos. Increíble parece, pero el teléfono está a nombre de una empresa de medicina de Madrid, mas, oculto tras ese nombre, aparece otro que os ha de ser bien conoscido: Andrés Pérez del Olmo”.
Y en oyendo los apellidos no supe qué pensar. ¿Acaso había todavía algún Pérez del Olmo persiguiendo a mi familia?”.
Con esto, continuó el inspector:
“Mal asunto veo, que son muchos siglos de persecución de un apellido a otro. Pensaba yo que en desapareciendo don Pablo en León, acabóse este entuerto; mas no es así. Según se me dice, estos señores andan mezclados con la guardia e tienen acceso a todos sus datos. Capitán, cuando dijisteis de tomar la justicia por vuestra propia mano, me pareció un disparate que podría costaros la vida. Agora, si queréis contar con mi ayuda, la tenéis, pues escudados en puestos oficiales de la guardia, será dificultoso dar con estos malhechores e hacerlos desaparecer”.
“Mi siguiente paso – le dije – es encontrarme con ese tal «jefe» e clavarlo con mi espada a dos metros sobre el suelo en la pared. Siento decirlo así, pero no creo en la justicia que se ha inventado España en estos años. Si me dais vuestro apoyo, presto está el fin”.
“Mi apoyo tenéis – contestó – que bastante quebradero de cabeza me dio el tal Pedro y no quiero agora a un Andrés. Mueves una verja y salen miles de cucarachas”.
En Grazalema y a diez de septiembre del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario