07 septiembre, 2006

De la estancia del inspector en Grazalema

ntre nosotros se notaba un tanto de sentido de culpabilidad por haber dudado de un hombre que parecía verdadero desde el principio. Invitéle a darse un baño refrescante, mas pareció no ser muy dado a las aguas de las piscinas. No quisimos ya Marcos ni yo disimular la trama de hallarnos desnudos, e siendo esta nuestra costumbre, así seguimos, mas, al pasar luego a la casa para el almuerzo, cubrimos todos nuestros cuerpos. Quedó, como no podría ser de otra forma, aquel hombre invitado a un almuerzo grazalemeño que haría sus delicias e, concediéndole un sitio especial de invitado en la mesa, le dije:

“Si nunca habéis venido hasta aquí, hasta este paraje perdido en la Serranía, he de mostraros algunas cosas sin entretener mucho vuestro tiempo. ¡Cayetano! Buscad al señor alojamiento donde ya sabéis e advertid tiene todo los gastos pagados. Debéis perdonad no os demos aquí alojamiento, pues en obras andamos y está media parte de la casa de poco y mal uso”.

“He de significaros – dijo – que tampoco he de poder estar aquí más tiempo del que quisiese, que tengo el vuelo a León pasado mañana e a temprana hora”.

Y llegada la noche, tras varios paseos por los alrededores (también visitamos la Fuentefría), nos retiramos a nuestra estancia tras acostar a los pequeños, e dijo al punto don Marcos:

“Algo me decía que errábamos con tanto plan contra este hombre que, además de humilde e sencillo, se ha entregado a nosotros desde que le conocimos. A veces, las sospechas nos llevan hasta personas muy cercanas. Siento agora haber dudado dél e que halla notado, desde un principio, dudábamos que fuese verdadero”.

“Querido Marcos – apunté –, demasiados años he vivido e de todo he visto. No dudo ya de la entrega deste hombre, que se piensa agradecido de por vida de nosotros, mas casos increíbles os podría contar”.

“Me preocupa agora lo que hacer con los niños – concluyó Marcos - más que cualquiera otra cosa. Habed en cuenta que sólo les queda una semana para asistir a su escuela”.

“Algún modo encontraremos – le dije -; no quiero pierdan sus clases”.

En Grazalema y a siete de septiembre del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario