27 septiembre, 2006

De la conversación con don Francisco en casa

ería el medio día de hoy cuando recibí aviso por teléfono de don Francisco. Manifestóme alguna cosa sobre Fran, que iba ya incorporándose e tomando alimento e, sin mucho más comentario, con preocupación, díjome haber habido discusión con su amigo, el doctor don Sebastián, mas prefería hablar esto conmigo en persona. Propuse ir a su casa en pocos minutos e me aclaró no estaba allí, sino más cerca de casa e que si no era molestia, me visitaría él mesmo. Y en oyendo esto e sabiendo ya el tema a tratar, le ofrecí venir a mi domicilio.

Sentados en el gabinete, volvió a decir estaba agradecido por la salud de Fran e que su madre estaba casi siempre a su lado e lo miraba e le daba todo cuanto quería. Mas al hablar sobre su amigo el médico me dijo hubo de pedirle callase e no hablase más del tema, pues también le dijo que quién era yo para jugar con la vida de una persona, e viéndose don Francisco en una situación de compromiso le dijo que probar a sanar a un muerto era más difícil que intentar sanar a un enfermo. E así, aquel médico de orgullo comenzó a decir improperios e terminó don Francisco la discusión en diciéndole:

“E si sois médico ¿por qué no lo habéis curado vos?”.

“Mal me parece que haya que discutir por esto – le dije -, que yo no he entrado en su terreno, pues dábase ya al niño por muerto. Si agora se siente inferior, que aprenda a echar el orgullo a las aguas del río y a conocer la humildad. Mirad, don Francisco, que lo único que siento es agradecimiento por haber creído en mí e alegría por tener con nosotros a Fran”.

“Así siento yo mi agradecimiento – dijo –, que aún siendo éste médico e amigo, siempre pone la mano por cobrar su trabajo e vos no habéis pedido nada”.

“Nada he pedido – le dije –, eso es cierto, mas os pido agora me dejéis visitar a Fran hasta que bien se encuentre e llevar a mis niños e que jueguen con él”.

No hubo respuesta de aquel hombre, sino que levantándose e volviendo a agradecerme mi interés, despidióse e marchóse”.

En Sevilla y a veinte y siete de septiembre del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario