o sabía si era yo el que me movía sobre la tierra a tal velocidad o si era la tierra la que me iba rodeando. Me sirvieron algún bocado e púseme a pensar, pues cosas como estas no había vivido en siglos. No entendía lo ocurrido, aunque sí sabía con claridad de día que el hombre muerto en aquella máquina voladora era peligroso para nuestras vidas e para el Mundo, tal como dijo el inspector. E pensando en eso estaba cunado sonó la música de mi móvil e oí estas palabras:“La vida de un pobre hombre de buen corazón, entregado a los demás, bien ha valido salvar a la humanidad de un peligro muy grave, capitán. No os sintáis culpable dello por lo tanto, que ya bastante castigo sería; sentiros orgulloso de habernos librado a todos de un mal inimaginable”.
“Ayyy, inspector – le dije - ¿Quién no conoce ya vuestra voz a estas horas y en estos días? ¡E qué bien sabéis lo que me apena el haber matado a alguien por enviar a ese diablo al infierno!”.
“Sois cristiano, capitán; más que yo e que muchos juntos. Ya sabéis que a veces es necesario mueran justos por pecadores. Era este hombre don José Aguilar, humilde y entregado a su trabajo. Rezad por él a menudo, que su muerte ha permitido salvar otras muchas e… ¡cosas peores! Así pues, en este jaque han caído otras piezas; sólo una, pero valiosa”.
“Aliviado me siento más que nunca de que así haya sido – le aclaré -. Por este hombre pediré a diario hasta el fin de mis días e seguiré mi vida como otro ciudadano español”.
“Un momento – advirtió el inspector -, que hay dos carroñas en Sevilla que aún no han desaparecido. Dejad a los niños donde están hasta que yo os lo comunique, que éstos saben del secreto e van a ir a buscarlo con o sin ese Andrés”.
“Nada diré pues cuando llegue – manifesté -, que si ha de seguir todo como estaba, ya me encargaré yo desos pájaros; si puede ser, por supuesto”.
“Puede ser, capitán – rió-, pero no es tan fácil. Guardia tenéis e habréis de buscarlos, entrarlos en una celada y… vuesa merced decidirá. El jaque aún no es mate”.
En Sevilla e a diez y nueve de septiembre del año de dos mil e seis.


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