02 septiembre, 2006

De cómo fue asaz accidentada mi vuelta a Sevilla (3/3)

as miradas entre don Juan e Marcos eran tensas e permanecían en silencio no sabiendo el desenlace de tal historia, e así, pedí se hiciese un pequeño receso, se tomase café o té e yo estaría dispuesto a responder cualesquiera preguntas que se me hiciesen, mas nada desto ocurrió, sino que tomamos café e hicimos planes para los niños, que deberían estar en Sevilla el viernes antes de dar comienzo las clases, pues desta forma, les decían dónde y cómo deberían hacer sus cosas.

Con cierto tono jocoso, comentó don Marcos:

“Veo sois sincero con nosotros, mas hame dicho un pajarito que, en cierta ocasión, fuisteis metido en un cajón, como toro de lidia, e llevado a quién sabe dónde”.

“Pues, querido Marcos – le dije –, recordadme cuente esta historia en la sobremesa, que pienso además, los niños han de disfrutar con ella”.

E apurando mi taza de café, continué sin preámbulos:

“Recuerdo haber abierto los ojos en un momento. Alguien portábame a sus espaldas con grande esfuerzo, mas yo no podía hacer sino esperar. E ¿sabéis a qué lugar me llevó aquél hombre?”.

“Adivinarlo quiero – dijo Su Ilustrísima – mas prefiero vos mesmo continuéis e perdonad mi interrupción”.

“Era el hermano Ignacio – proseguí -, que acercándose a mí creyéndome un menesteroso o un joven borracho, creyó descubrir en mis facciones la cara del hermano Marino. Mucho arriesgó, mas me llevó al Hospital de la Santa Caridad donde se descubrió que aquel joven, de ropas modernas e muy maltrecho, no era otro sino el hermano Marino. Si pensáis no hay algo de milagroso en toda esta historia, es que no tenéis fe”.

“No digáis aquestas cosas, capitán – dijo don Juan de espacio -, que sabéis que yo no creo en las casualidades. Mas sí quisiera saber por qué pedisteis a aquel hombre os dejase en El Arenal e no os llevase al Hospital de la Santa Caridad”.

“Sabía – contesté parco – era el último paso del milagro que pedí. E tan así fue que llevado a hombros llegué a La Caridad, que cosa así no se hace desde hace muchos años”.

En Grazalema y a dos de septiembre del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario