31 agosto, 2006

Del trazado para cambiar el autor destos escritos

ablando ya entrambos en la cama, Marino e yo, me dijo me estaba agradecido por haber incluido en mi diario las crónicas de lo sucedido. E así le dije:

“Pensé tal vez no fuese de vuestro agrado escribiese yo en vuestro diario, que es esto cosa muy personal e no debe hacerse”.

“Cierto es lo que decís – repuso – mas, no sois vos un cualquiera que escriba donde no deba, sino alguien que, con mi complacencia, ha plasmado en esta historia lo que yo no he podido. Así pues, agradecido os quedo, mas estando ya casi recuperado desto, mañana mesmo seguiré escribiendo yo mesmo si aquesto no os molesta”.

“No es molestia, capitán – le dije -, sino que mucho me alegro de que podáis escribir la historia vos mesmo e no tenga que hacerlo yo, que en esto de la escritura no todo se me da tan bien”.

“Si se os da, Marcos – me dijo quedo –, que he leído ya gran parte de lo que habéis narrado y es de mi gusto. Me alegro pues lo hayáis hecho e que de todo quede constancia. Volveremos mañana a la vida normal si Dios Nuestro Señor e su madre, la Santa Señora Virgen María, así lo deciden. Descansemos agora e iremos viendo cada cosa ocurrida, que nada quiero ocultaros. Apagad la luz”.

En Sevilla y a treinta de agosto del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario