olvimos al comedor e fuese Chuti hacia la cocina e, acercándome con disimulo a don Diego, le dije necesitaba entretuviese a los niños una pieza e luego le daría yo razones de las novedades que se nos iban a manifestar.Sentados en el gabinete frente a Chuti e sin ningún preámbulo, comenzó éste a narrarnos una extraña historia que luego fue encajando:
“Es la Hermandad de la Santa Caridad de historia larga; de siglos. Dedicábase entonces a recoger a los muertos abandonados o ajusticiados e a darles cristiana sepultura. No, don Marcos, no penséis siendo hermandad sevillana se dedica a hacer sus estaciones de penitencia con sus imágenes y sus nazarenos, pues es esto algo muy distinto. Son todos los hermanos seglares insignes de Sevilla e siguen con grande devoción al… refundador de esta hermandad e creador de su hospital: don Miguel de Mañara e Vicentello de Leca”.
Interrumpí las palabras de Chuti:
“De tal personaje sí me ha hablado el capitán. Sé era hombre adinerado e muchos decían eran pendenciero e seductor e casóse luego e vivió aquel año de la peste que asoló a Sevilla e, temiendo le ocurriese algo a su esposa, pasaban todos los veranos en Montejaque por evitar los calores. E allí murió su señora e allí está enterrada según se dice. E algo más nos contó sobre sus estancias en Ronda e una rara historia sobre la visión de su propio entierro, e si me lo permitís, dícese que los rosales que hay sembrados en los arriates de la entrada de nuestra casa de Ronda, fueron sembrados por él mesmo e nunca mueren e siempre florecen. ¿Os referís a este tal Mañara?”.
“Os pediría yo, señor – respondió Chuti con prudencia –, no hagáis referencia alguna a este venerable hombre como pendenciero o seductor, que ya muchos se encargaron de intentar destruir la imagen de un hombre que ya debería ser santo. Nada desto comentéis ante su hermano. Escuchemos qué dice. Solamente quiero aclararos que, siendo el capitán hermano de la Santa Caridad, mucho me extraña esta misteriosa llamada. Esperad cualquier noticia, pues jamás la hermandad ha llamado ni al capitán ni a mí mesmo por darnos novedades, sino que hanse presentado siempre en esta casa personalmente. Habed en cuenta que desde la primera mitad del siglo XVII, cuando el venerable Mañara fundase el hospital, pertenece el capitán a la tal hermandad. Este es el motivo, y no otro, de que pidiendo permiso para atender algunos asuntos familiares, no haya acudido allí en más de un año; mas la llamada recién recebida me hace pensar algo sucede. Atended primero las palabras del hermano Federico e comentad sólo lo que os pida comentéis. Creo haberos sido de ayuda. Dios ayude agora a vuesas mercedes”.
E no hubo palabra entre los asistentes, sino un suave e casi inaudible «amén» de Su Ilustrísima, que me pareció se temía lo peor.


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