asamos a una gran sala, muy iluminada, de olor profundo e no muy agradable. Había en su centro una a modo de mesa de metal e otros artilugios y, en la pared frontera, veíanse bastantes puertas metálicas de no muy gran tamaño e forma cuadrada con extraños tiradores. Cinco de aquellas puertas, tenían pegados unos pequeños papeles numerados (del 1 al 5, como es natural). El médico tomó en sus manos unos papeles e dirigióse lentamente con el jefe hacia la puerta número 1, que quedaba a la altura de nuestro vientre. Ya junto a ella, haló bruscamente del tirador e abrióse como largo cajón, en cuyo interior nos pareció ver una bolsa cuyo contenido se adivinaba.Miró Marcos con grande disimulo hacia otro lugar mientras el médico abría la bolsa obscura tirando desde su parte más baja (los pies de un cadáver) hasta la cabeza, que quedaba a nuestra altura. Abriendo la bolsa, apareció la parte superior de un hombre que estaba abierto e cosido luego en forma de V que partía desde sus hombros hasta el vientre.
“¿E decís no hay marcas de violencia? – pregunté –. Grandes y extraños cortes parécenme esos”.
“No son lo que creéis, capitán – dijo el jefe -, sino marcas de estudios que se han hecho. El doctor os lo explicará más tarde”.
E parecía aquel cuerpo casi descompuesto, más por haber tomado alguna ponzoña, que por llevar cadáver dos días; mas la desfigurada cara no me pareció conocida por más que la miraba. E mientras prestaba atención a esto, oyóse de nuevo un golpe; don Marcos volvía a estar en el suelo.
Hubo de esperar otra pieza, mas dentro de poco tiempo, volvió a entrar en la sala e parecióme le temblaban las piernas.
“Veamos el segundo – dijo el jefe –, que aunque desfigurado, podría daros alguna idea del sujeto en cuestión”.
E abriéndose el cajón con aquel sonido tan especial, apareció otro bulto envuelto en una bolsa. Abierta ésta casi de repente hacia la zona de la cabeza, pudimos observar otro cadáver aún más deteriorado e con la mesma marca en V. Un nuevo golpe, dióme la noción de una nueva caída de Marcos al suelo, mas por mucho que miraba aquellos desfigurados rasgos, no pude averiguar de quién se trataba.


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